1ª semana de Protocolo Autoinmune Paleo o cómo descubrí que soy una yonki del café

He cumplido mi primera semana con la dieta del Protocolo Autoinmune Paleo (PAI o IAP).

Lo primero que quiero aclarar es que esta no es una dieta para bajar de peso, ni está indicada para todo el mundo. No la muestro como un ejemplo de alimentación para nadie.

Yo la estoy usando para manejar enfermedades autoinmunes y estoy compartiendo mi experiencia. Sin más.

Por qué no puedo tomar solanáceas

La semana pasada te explicaba que no puedo tomar solanáceas (patata, berenjena, pimiento, tomate). Esta indicación sólo es para personas con enfermedad autoinmune. Ya que tenemos la permeabilidad intestinal alterada.

Cuando el cuerpo funciona normalmente, tenemos una capa de mucosa en el intestino que deja pasar los nutrientes de lo que comemos al torrente sanguíneo, pero impide el paso de sustancias nocivas.

En las personas con enfermedades autoinmunes, esta permeabilidad no funciona correctamente y esas sustancias nocivas pasan a la sangre. El cuerpo las detecta como partículas extrañas y se pone en marcha el sistema autoinmune, produciendo sintomatología desagradable.

Las solanáceas contienen alcaloides. Un cuerpo sano es perfectamente capaz de expulsarlos, uno con el sistema inmunitario dañado, no. Esa es la razón por la que no nos conviene tomarlas.

Primera semana con Protocolo Autoinmune Paleo

La valoración de mi primera semana es buena. Me está costando menos de lo que esperaba. Lo cierto es que ha pasado mucho tiempo desde que intenté mi última dieta. Y cada vez tengo más fortaleza mental y mayor gestión de mis emociones.

Además, desde el momento que sé que determinados alimentos no me hacen bien (aunque yo no lo note), lo lógico es que deje de tomarlos.

Lo que más me preocupaba era sentir compulsión al aplicar una restricción tan fuerte de alimentos. Y me alegra decirte que no ha sido así. No sólo no siento compulsión, sino que también tengo menos hambre entre comidas. Supongo que es por tomar más grasa que antes, No siento hambre física, ni hambre emocional.

A pesar de haber retirado muchos alimentos, tengo la sensación de que como muy parecido. En mi casa comemos arroz o pasta dos veces por semana, o como guarnición. Pero la combinación de verdura o ensalada con proteína, es la comida diaria en mi casa.

Lo que más echo en falta

Como postre, solía tomar yogur, más que fruta. Y ahora lácteos no puedo tomar y la fruta sólo una o dos al día, aunque estoy comiendo más.

También el huevo lo echo mucho en falta. En mi casa van que vuelan a la plancha, cocidos en la ensalada, o en tortilla.

La tostada del desayuno con el café también la extraño. Unos días la tomaba con mantequilla y mermelada y otros con aceite de oliva.

Seguir el plan cenando fuera

El viernes salí a cenar con las amigas. En la ronda de cañas previa no tomé nada porque en el bar no había agua con gas y me resisto a pagar 2 euros por un botellín de agua sin más.

Cenamos en un cubano y pasamos mucho rato eligiendo platos que pudiese comer. Pero son básicamente los mismos ingredientes en distintas combinaciones. Así que les propuse que pidiesen lo que fuese y yo picaría lo que pudiese comer.

Sacaron una ensalada con piña y aguacate. Tomé las frutas. Después sacaron tres platos combinados y tomé ropa vieja (carne guisada) y plátano frito. Tomé un café de postre. Y un culillo de vino para brindar con ellas.

Después, en las copas, tomé agua con gas. No me supuso ningún esfuerzo. Me gusta acompañar las comidas de un buen vino. Pero, pasada la cena, me pasaba siempre a la cocacola zero.

El PAI modificado para Síndrome Antifosfolípido

Te cuento que estoy añadiendo una modificación al Protocolo Autoinmune. Y es que esta dieta está pensada para personas con trastornos inmunitarios en general. Pero hay otra dieta anticoagulante que recomiendan a los pacientes con Síndrome Antifosfolípido. Consiste, básicamente, en reducir la ingesta de alimentos ricos en vitamina K, por favorecer la coagulación.

El problema es que los alimentos ricos en vitamina K son cosas tan sanas como las verduras de hoja verde, o el aguacate. Por supuesto, todos estos alimentos son perfectos para una persona sin enfermedad autoinmune.

La semana que viene te colgaré la lista de alimentos aptos, no aptos y a consumir de forma ocasional. Porque voy a hacer una lista para llevarla en el móvil. Será mucho más fácil hacer la compra o elegir en los restaurantes con ella.

También me va a dar sensación de orden y seguridad. Ya que lo que peor estoy llevando esta semana es que no tengo muy claro qué debo comer y qué no. Por ejemplo, comí maíz y no se puede. O comí habas, pensando que estaban permitidas como los guisantes, y resulta que no.

El dolor de cabeza insoportable

Comencé la dieta el día 9 por la tarde. Quería comenzarla el 9 de junio por ser el día mundial del Síndrome Antifosfolípido. Pero ese día comíamos con mi tía y no quise preocuparla en exceso. Así que comí normal y la cena la hice ya PAI.

El lunes empecé con un dolor de cabeza muy intenso. Era tan fuerte que me bloqueaba la nuca. Me sentía completamente agotada. Las noches del lunes y martes dormí 12 horas y me eché siestas de hasta 3 horas.

Aquello no era ni medio normal y empecé a preocuparme. Así que el miércoles a mediodía pregunté en el grupo de Facebook de Episalud y juntas barajamos varias posibilidades:

  1. Que hubiese hecho un cambio demasiado radical aplicando el PAI de golpe. Pero lo cierto es que yo no noto un cambio de alimentación tan radical como para tener dolores de cabeza.
  2. Que hubiese falta de carbohidratos. Me dijeron que si estaba tomando la cantidad de verdura pautada (hasta 1 kg al día) no podía ser porque se toman de ahí los carbohidratos.
  3. Que estuviese usando el PAI para adelgazar. Me pesé y no había bajado ni un gramo en 4 días. Si estuviese haciendo una restricción tan grande de calorías como para dolerme la cabeza, debería notarse algo en el peso.
  4. Que fuese por retirar de golpe los 3 cafés al día que tomaba.

Siempre me hacía americano cortado con un chorrito de leche. Uno en el desayuno, otro a media mañana y media tarde. Estos dos últimos ni me los terminaba.

Realmente, el café ni me despierta, ni me da energía, como a muchas personas. Simplemente, formaba parte de mi ritual del desayuno, o traérmelo al despacho humeante para escribir durante horas al portátil. Me encantaba. Lo estoy sustituyendo por el té, pero no es igual, porque no me gusta.

Soy una yonki del café. Y no lo sabía.

Barajando que podría ser por el café o la falta de carbohidratos, decidí poner remedio. Ellas me animaron a no probar las dos cosas de vez, o no sabría cual me había funcionado. Tenían razón, pero estaba tan desesperada por el dolor que lo probé todo. Con la comida, me tomé dos melocotones y un café.

Cuando llevaba medio café ya noté que el dolor descendía notablemente. Me pareció increíble. Tuve la tutoría de 2 horas con mis alumnas y a las 12 de la noche estaba en la cama con una sensación increíble de ausencia de dolor y de energía. ¿En serio era una yonki del café sin saberlo?

El caso es que después he hablado con varias personas que dejaron de tomar café y todas coinciden en que estuvieron varios días con dolores de cabeza muy intensos y sensación de gripe en el cuerpo. Es justo como me sentía yo.

Ha sido un potente aprendizaje. Nunca había sido consciente, de una forma tan clara y rápida, de cómo afecta a nuestro organismo los alimentos que tomamos.

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By | 2018-06-25T21:21:13+00:00 junio 25th, 2018|Uncategorized|0 Comments

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