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8 pasos para comer sin ansiedad

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Sí. Porque la soledad, como la estupidez, la riqueza o el dolor, tiene grados. Se puede ser rico a secas, o millonario. Y eso es cuantificable. Y luego está la percepción subjetiva de cada cual, como el dolor. Alguien con un umbral bajo de dolor, sufrirá mucho más que alguien con mayor tolerancia al mismo.
A mí no me gusta estar sola, pero trabajo cada día por aprender a vivir con ello, porque es lo que me toca. Yo soy la primera que me digo que tengo que saber estar emocionalmente bien, aún cuando no tengo pareja. Pero me fastidia mucho cuando me lo dicen otras personas. Sobre todo, porque ellas sí tienen pareja, o sus circunstancias no son las mías.
El otro día mi pareja (perdón, ex 4) me reprochaba que a menudo digo que “estoy sola para todo”, pero de verdad que no puedo sentirme de otro modo. Y me revienta que, cuando digo esto, la gente me vea como una encogida, o una dependiente emocional, porque no lo soy. No pretendo caer en el victimismo subiendo esta entrada, simplemente expongo mi situación, porque es muy fácil opinar sin caminar dentro de los zapatos de otro.
Con 19 años decidí irme de casa y me independicé. Con 20 ya tenía coche y me daba una vidilla que no veas. Con 21 me fui sola de vacaciones a Portugal. Yo siempre decía “Tengo coche y VISA. Me puedo ir al fin del mundo” ¿Doy el perfil de una persona que no sabe estar sola?
Recuerdo la primera vez que me sentí sola. El verano que me divorcié (2010), mi madre hacía un año que había muerto, y yo hice un viaje bastante largo. Me gustó aquella sensación de conducir sola y parar en las áreas de descanso cuando a mí me apetecía y el rato que quería. Pero, al llegar a mi destino y no tener que llamar a nadie para decir que había llegado bien, me sentí huérfana.
Creo que las que me seguís un poco ya habréis notado que soy una persona muy emocional y con mucha necesidad de compartir. Me gusta hablar, tocar, acariciar, abrazar… una vez alguien me dijo que hablo como una radio! 🙂
Mi trabajo es muy parecido al de un comercial, aunque no es exactamente lo mismo. Trabajo sola, no tengo compañeros de trabajo con quien compartir la jornada. Visito tiendas, saludo al encargado, hago mi trabajo,  cruzo un par de frases con él y me marcho. Es decir, en mi trabajo no socializo.
Del trabajo voy a casa y llegan mis hijos, dos niños pequeños con déficit de atención subtipo inatento, con los que es complicado llevar una conversación medianamente coherente. Y ponte a lidiar con ellos y sus deberes, con la cena, con sus duchas, con preparar mi ruta y materiales de trabajo del día siguiente, mientras me voy asomando de vez en cuando a internet que es, desde hace años, mi balón de oxígeno.
El tener la custodia absoluta de mis hijos no me permite apuntarme a actividades. Me saqué un bono de 5 clases de zumba para ir los martes, que es el día que van con su padre, y sólo pude gastar 4 antes de comenzar la jornada completa en el trabajo. Ahora, con la jornada completa, ya me despido de todo.
Muchos, la mayoría de mis días, acaban sin haber tenido una conversación sustancial con un adulto fuera de wasap o internet (y cuando hablo de internet me refiero a mi espacio vivirparacomer en Facebook o Instagram). Para mí, eso es suficiente para sentirme mal y sola. Me parece que no es dependencia emocional desear tener a alguien con quien compartir el final del día, contar qué has hecho y cómo te fue, y darte un abrazo.

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Recuerdo cuando comenzaron a cobrar 1 euro anual por el servicio de wasap. Todo el mundo se negaba a pagarlo. Yo hubiese pagado hasta una cuota mensual, si me la hubiesen pedido. El wasap y “las Amis”, el grupo de tres amigas con las que más hablo por wasap, son una auténtica terapia para mí. ¿Pago 35 euros de cada sesión de una hora de psicóloga de mis hijos y no voy a pagar un euro por un año de wasap?
Yo no tengo familia cercana en mi ciudad. Mis padres murieron. Mis dos hermanas viven en el extranjero y, aunque con la mayor nos escribimos mails casi a diario, hablamos por teléfono una vez por semana y se ocupa mucho de mí, no es lo mismo que tenerlas físicamente.
Yo no tengo a quién poner en el Aa del móvil*. Y es una de las situaciones que más sensación de soledad me produce. Pensar que la única persona que podría ser mi Aa, la que me cuidaría si lo necesitase, a la primera que yo querría tener a mi lado en tan desagradable situación y que sabría mantener en marcha mi vida aunque yo no estuviese, mi hermana mayor, vive a seis horas de coche de aquí.
Ahora acabo de llegar de viaje. No me acostumbro, siempre me entristece, por más que sea un viaje en el día, que nunca venga nadie a buscarme a la estación. Ni me espere en casa, por supuesto. Me haría mucha ilusión que, por una vez, cuando bajo del AVE, con los pies destrozados de llevar los tacones desde las seis de la mañana y cargada de cajas de muestras, me llevase a casa alguien que no fuese taxista.
El otro día fui con unas conocidas a un entierro. Ellas tres son vecinas y quedan mucho con otros vecinos a cenar y hacer cosas juntos. Al mismo tiempo, hablaban de los grupos de amigos que cada una tiene en sus respectivos pueblos. Otros tienen grupos de amigos de la piscina… Yo tampoco tengo ningún grupo de esos. Tengo amigos sueltos, puedo quedar con unos u otros, pero debe de ser bonito tener un grupo grande así. El problema es que esos grupos son “de toda la vida”. No se puede crear un grupo así de la nada, ni integrarte en uno ya creado, a no ser que el nexo del grupo sea una afición que empieces a practicar. Tengo una amiga que se matriculó en bailes de salón, e hizo tal amistad con los de su clase que incluso se iban de vacaciones juntos. Genial! Si tienes tiempo para ir a alguna actividad, claro, que no es mi caso…
El padre de mis hijos tampoco es ningún apoyo. Hace lo que le obliga el convenio regulador del divorcio y punto.
No tengo pareja, no tengo familia cerca, no tengo pandilla de amigos, no tengo compañeros de trabajo, casi no tengo padre para mis hijos, nadie espera mi regreso de un viaje y nadie correría al hospital si tuviese un accidente… ¿de verdad es tan imperdonable sentirme sola? Yo me voy sola al cine, a pasear las tardes de domingo sin niños, voy sola a las fiestas nocturnas de zumba… pero sí, me siento sola muchas veces.
El otro día, mi amiga Ana, que sale con un hombre divorciado muy independiente, me decía que lo admiraba y que nosotras teníamos que aprender a ser como ellos. “No me fastidies, Ana! -le dije- la soledad de un divorciado no es como la de una divorciada con hijos a cargo. Ellos salen del trabajo y se van al gimnasio, de ahí al bar a tomar cervezas con los amigos. Si se les hace tarde y les da pereza cocinar, se toman una ración en el bar y se suben a casa a ver media hora de tele y a dormir. Nosotras salimos del trabajo, recogemos a los peques del cole, hacemos deberes, preparamos la cena y duchas, la comida del día siguiente, los educamos, logística para tres!”
Varias me habéis dicho que no puedo sentirme sola teniendo dos hijos. No os confundáis. Durante mucho tiempo, yo misma confundí esos términos: dejé de ser persona y mujer para ser sólo madre. ¡Qué gran error! No ha sido hasta que he empezado a recuperarme como mujer, despojándome a ratos de la piel de madre, que he comenzado a levantar cabeza.
Tenemos necesidades como mujeres, que no pueden satisfacer nuestros hijos, por el simple hecho de que no les corresponde. Necesitamos abrazos y besos de iguales, necesitamos sexo, necesitamos cuidados y reconocimiento, momentos que compartir, que no pueden aportar niños de diez años.
No quiero oír que pronto aparecerá alguien, que esa persona será mejor que las que quedaron atrás, que soy “un caramelo a la puerta de un colegio” como me dice siempre mi amiga Raquel. En primer lugar, porque hace mucho que dejé de buscar, uniendo la evidencia de un panorama nada alentador (las que tenéis pareja no os podéis imaginar lo mal que está el mercado), con la certeza de que todo ocurre por una razón y en el preciso momento en que debe suceder. Forzar las situaciones no hace que sucedan. Es inútil buscar.
Por otra parte, siento que ahora necesito estar sola. Enamorarse es maravilloso y acumular cuatro ex no me ha hecho dejar de creer en el amor. Sigo pensando que el amor es el mejor sentimiento que existe.
Pero sí, paradójicamente, aunque quiera estarlo y entienda que es lo que ahora necesito… me siento sola. SOLA.
* El “Aa”, lo aclaro por si no se usa fuera de España, significa “Avisar a…” y se añade a un contacto de la agenda de tu teléfono móvil y será esa la persona a quien los servicios de emergencia llamarán en primer lugar si a ti te sucede algo.

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