Magnifica lo bueno y cambia tu vida.

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El otro día se me saltaban las lágrimas de la risa cuando mi amigo Fran me pasó una foto de la decoración navideña que había puesto en casa. No se puede tener menos gracia para poner el espumillón. O eso creía yo hasta que me he sentado en la bici del gimnasio hace un momento y he visto esto. Estoy pedaleando con la cabeza girada hacia el espejo, porque cada vez que lo veo ne descoj**o.
A veces me decís que me pasan o me encuentro con cosas muy divertidas, pero esto es algo que se ejercita, eh? Hacer de lo cotidiano algo excepcional y tratar de potenciar cualquier cosa que nos arranca una sonrisa.
Magnifiquemos lo bueno más que lo malo. Os aseguro que se vive diferente. ¿Te animas a probar?

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