¿Talla fabulosa? Venga ya, estaréis de coña…

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El otro día le explicaba a mi hija de 14 años qué es la discriminación positiva. Sabéis que me molesta sobremanera cuando se aplica a la mujer y entiendo a mis amigos cuando me dicen que no saben muy bien cómo tratarme como caballeros sin hacerme sentir una discapacitada. Normal, pobres…

Lo mismo me ocurre cuando se aplica a las personas que tenemos kilos de más. ¿Gordita? ¿Acaso a los delgados los llamáis delgaditos? Entiendo que es un adjetivo que incomoda a muchas personas y, con frecuencia, noto la reacción a mi alrededor cuando la uso con absoluta normalidad.

Vamos a ver, es que estoy gorda. Es una característica mía innegable, como que mi cabello es castaño o mis ojos grises. El problema viene cuando crees que estar gorda lleva añadidas un montón de cosas que te restan valía como mujer y como persona. Pero yo te aseguro que no es así.

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Conozco mujeres gordas y otras muy delgadas, y afirmo que si dejásemos de medirnos la cintura e invirtiésemos todo nuestro potencial, tiempo y energía en hacer algo verdaderamente interesante y productivo, pondríamos este mundo de hombres patas arriba.

Estaba leyendo en el Facebook de AnyBodyArgentina esta publicación donde nos explica cómo ha cambiado el tallaje de ropa femenina en una cadena en EEUU. Era un asunto pendiente de abordar desde hacía tiempo porque no era lógico que a partir de la talla 42 se considerase “talla grande” en un país donde la talla promedio es 44-46.

Por lo visto, La cadena Kmart hizo un sondeo en redes sociales preguntando a las usuarias cómo podrían llamar a las antiguas tallas grandes. Las más jóvenes propusieron no separar secciones dentro de las tiendas y que estuviese todo junto. Sinceramente, las que compramos tallas grandes sabemos que eso no resultaría práctico. Bastante nos cuesta encontrar ropa como para tener que bucear entre las tallas promedio.

Me parece perfecto ser realista y ajustar el tallaje a la demanda, pero la discriminación positiva sigue siendo eso, discriminación. Y en Kmart parece ser que todo el mundo estuvo encantado con rebautizar las tallas grandes como “talla fabulosa”. Parfavaaaarrrrr ¿Really?

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Y yo no digo que no sea fabulosa, ¿eh? que lo soy. Pero son igualmente fabulosas las chicas de la talla 34 y todo el segmento de tallas que las separa de mí. Porque lo fabuloso es la persona y no la cifra que marca su báscula, ni la etiqueta de su falda.

Oye, que igual no se han enterado de que lo que tiene que llevar una etiqueta es la prenda de ropa, no la mujer que la viste.

Reconozco que muy marketiniano no queda un rótulo que diga “Ropa para gordas”, pero hay términos más neutros, que no discriminan (ni en positivo, ni en negativo). Por ejemplo, me parece magnífica la estrategia de Mango, nombrando su colección entera de tallas grandes como Violeta.

Violeta comenzó siendo una sección de “tallas ampliadas”, como ellos las llamaban, dentro de las tiendas Mango. Y es un término que me parece equilibrado y me gusta. Como hija de modista, algo entiendo de patronaje y, para obtener esa colección, deben escalar los patrones, ampliándolos. Es un término que define a la prenda, no a la persona que la lleva.

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Lo cierto es que la demanda fue tal que, en mi ciudad, ampliaron la tienda y ahora ocupa 1/3 del total de la tienda de Mango. Se ve que no somos tan pocas. También Violeta tuvo que hacer más grande su tallaje y ahora pone en su web, claramente, “tallas grandes”. A mí no me molesta en absoluto. Mi cuerpo es grande, mi ropa es grande, mi talla es grande. La pueden llamar fabulosa o X, pero seguiré usando una talla grande.

En fin, a ver si los de marketing empiezan a ganarse el sueldo de verdad, haciendo otras cosas más productivas. Y, si alguien quiere inventarse nombres, que adopte un gato. Y que nos dejen tranquilas, que ya vale. Ya vale…

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Comer sin ansiedad con PNL

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El divorcio de Cataluña

Comer sin ansiedad con PNL

Ninguno de nosotros permanece ajeno a lo ocurrido estos días en Cataluña. Hasta los que no nos encasillamos en ninguna ideología política, nos vemos estos días zarandeados en las redes sociales sólo por expresar nuestra opinión.

No salgo de mi asombro cuando hoy hago una publicación en mi Facebook personal, totalmente neutral, en la que apelo al sentido común, a la paz y al entendimiento, y me responden dos personas de ideas opuestas entre sí, argumentándome cada uno para convencerme de que su posición es la correcta.

Esto ya no habla de independencia o permanencia, en gran medida es una lucha de egos o, dicho vulgarmente,  “a ver quién la tiene más grande”. Unos y otros han actuado primero y han pensado después. Sí, quiero pensar que, al menos a posteriori, los hechos sucedidos merezcan una reflexión, de ambos bandos.

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La frase “Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla” que originariamente se atribuye a Cicerón y a muchas otras personas con posterioridad, cobra hoy más sentido que nunca. Porque no, no hemos aprendido nada.

De pequeña, mi madre me contaba cómo la guerra civil había enfrentado a hermanos y amigos y yo no daba crédito. Me parte el alma comprobar que no hemos evolucionado mucho, casi cien años más tarde. El crecimiento del ser humano deberíamos medirlo ante situaciones como esta, y no por la última tecnología que llevamos en el bolsillo.

Yo, que soy mujer divorciada e hija de padres divorciados, no puedo evitar asociar la independencia de Cataluña con un proceso de divorcio. Conozco muchas personas divorciadas y, para mí, hay dos grandes grupos: las que asumen que una pareja son dos y que ambos tuvieron parte de culpa en la crisis, gestionan la situación y pasan página, y los que culpan de todo al otro cónyuge. Generalmente, estos últimos, siguen guardando rencor aunque hayan pasado muchos años.

Hace un tiempo tuve la suerte de realizar una formación de Negociación y mediación en conflictos con mi admirada Pilar Bernadó. Si hay una frase que resuma aquel aprendizaje, es, sin duda: “No se puede negociar desde la emoción”.

No se puede negociar desde la emoción

Justamente por eso, cuando las partes son incapaces de ver sus propios errores, y se ven atrapados en un bucle que les impide ver la auténtica realidad, y no la que filtran sus creencias, es necesaria la actuación de un mediador imparcial.

Necesitamos de un ejercicio de empatía sin precedentes, dejar de criticar al otro y empezar a pensar qué podemos hacer para resolver esto del mejor modo posible. Y, sobre todo, para que no se repita ni vaya a más. No hace falta estudiar Derecho para saber que vale más un mal acuerdo que un buen pleito, pero para eso hay que dejar de gritar nuestra verdad y estar dispuesto a escuchar la otra.

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Yo no entiendo de política, he vivido el gobierno de distintos grupos políticos y, siendo honesta, ninguno lo hizo mejor que otro. Yo no sé qué medidas se pueden aplicar, pero elegimos y pagamos a representantes políticos, precisamente para no tener que llegar a esto. Y opino que alguien no está haciendo su trabajo.

Formo parte de un grupo de profesionales del desarrollo personal que trabajamos para que las personas sean más felices y para construir un mundo mejor y, como tal, me duele ver injusticias y gente sufriendo (da igual la bandera que porten), y como española no quiero ver a mi pueblo enfrentado.

Hace unos días hice una publicación en Facebook e Instagram expresando mi cariño hacia Cataluña y su gente. La publicación fue muy agradecida y compartida, desde todos puntos de España.

Se está creando una espiral de odio que sólo hay una forma de combatirla. Ojalá nuestro amor sea más grande que nuestro ego, ojalá las personas prevalezcan sobre las creencias, ojalá sepamos demostrar que no estamos igual que en 1936.

Ojalá sepamos demostrar que no estamos igual que en 1936

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Lo que buscan los hombres en Meetic y webs similares

Todo el mundo me dice que sola estoy estupendamente. Generalmente, son personas que están hasta el moño de su pareja y envidian mi independencia y libertad.

Pero claro, yo quiero tener pareja sin perder esto último. Hay quien dice que pido mucho. Puede. Pero llevo años sin bajar el listón y cada vez es más difícil hacerlo. La soledad se va haciendo inevitablemente cómoda y yo, la verdad, no quiero que eso termine de suceder. Me niego a poner un gato en mi vida.

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El caso es que, una vez más, me he registrado en una de esas webs de contactos, que ahora se llaman de dating, que queda más fino, suena menos a folleteo y parece que está más justificado el sablazo que te meten en la tarjeta de crédito. Porque sí, las mujeres también pagamos para poder hablar, aunque muchos hombres crean lo contrario.

Ya sé que hay webs gratuitas, pero el hecho de pagar me parece un pequeño filtro que asegura un mínimo de seriedad. Así que, cuando me animo a hacerlo, saco pase en Meetic. Creo que de todos los portales que conozco, es en el que hay mayor porcentaje de personas que buscan una relación estable. Que digo yo que para echar un polvo ninguno tenemos que pagar ni rellenar 75 preguntas de un perfil, vaya.

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El otro día comentaba con una conocida que trabaja de cara al público, que a su establecimiento van algunos hombres que están entre los 40 y 50 años, acaban de divorciarse, y le cuentan que ahora quieren vivir una segunda adolescencia juventud, no complicarse la vida, buscar una chica de veintitantos y pasárselo bien. Esta mujer no daba crédito. Ella tiene pocos más de 40 y me decía “Chica, no sé, si yo me divorciase buscaría un hombre de mi edad. Vaya, un señor”. Pues sí, señores y señoras, que es lo que tenemos edad de ser.

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En Meetic, además de tu ficha, puedes hacer una descripción detallada de la persona que te gustaría encontrar. No sé lo exigentes que somos las mujeres porque no veo los perfiles del resto de féminas. Personalmente, sólo tengo acotada la edad, de 44 a 51 años, porque me siento más cómoda con gente más joven y los hombres de más de 52 suelen parecerse a Chanquete. Pero vaya, a no ser que se vayan mucho de la horquilla que marco, si me entra un hombre de hasta 55 años, yo le atiendo.

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En el resto, no marco nada. Por ejemplo, yo tengo observado que me llaman más la atención los hombres morenos con ojos marrones y con kilos de más. Pero me parecería frívolo ponerlo como condiciones en lo que busco. Sobre todo, porque busco alguien para compartir mi vida, no para hacerme una foto con él. Por lo tanto, valoro más que sea inteligente, buen conversador, cariñoso, empático, con sentido del humor, equilibrado emocionalmente…

Hay hombres muy selectivos en cuanto a estudios de la mujer que buscan, otros en cuanto a nacionalidad, altura, etc. Pero hay un criterio en el que el 99% coinciden: No quieren mujeres gordas.

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Hay un desplegable para describir tu complexión física y otro exactamente igual para marcar las complexiones que estás dispuesto a aceptar en el otro. Es el siguiente:

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Como veis, las opciones son: Normal, deportiva, delgada, algunos kilos de más, corpulenta o robusta. No me preguntéis la diferencia entre estas dos últimas. El 99% de los hombres aceptan únicamente “Delgada, normal o deportiva”. Y algunos pocos, marcan también “con kilos de más”. Como seas robusta o corpulenta no te molestes en pagar un pase. Te lo digo yo.

Curiosamente, con frecuencia, estos hombres que piden mujeres delgadas, reconocen que a ellos les sobran bastantes kilos. ¡Manda huevos! Yo, que ya sabéis que lo analizo todo, he llegado a la conclusión de que es una cuestión práctica para que no les quiten su espacio en la cama. Prefiero pensar eso a que tienen un morro que se lo pisan y no merecen que los quiera ni su madre.

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Es curioso cómo, para algunos hombres, la delgadez está por encima de criterios que pueden afectar tanto en una pareja como la nacionalidad. Este hombre tiene 48 años, no penséis que es un chaval de 18, pero oye, le da igual que midas casi 2 metros o hayas nacido en Botswana… Lo importante para hacerle feliz es que no peses más de 75 kilos.

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Pero si me he decidido a escribir este artículo, es porque hoy me he dedicado a hacer búsquedas en perfiles de hombres (cosa que no suelo hacer porque tampoco le dedico mucho tiempo a la web) y me ha sorprendido ver que la mayoría tienen detallada una horquilla de peso para sus candidatas y me ha parecido alarmante el peso tan bajo que admiten. El siguiente es un hombre de 49 años y me ha puesto los pelos como escarpias.

Una mujer de 170 cms de altura que pese 40 kilos tiene un IMC inferior a 14. Eso es delgadez severa, según la OMS. Para que os hagáis una idea, a las anoréxicas las ingresan con un IMC por debajo de 17.5 por riesgo vital, si es preciso mediante orden judicial porque peligra su vida.

No lo hubiese contado si no hubiese visto hoy varios perfiles de hombres que piden mujeres en esta franja de peso, desde 40 o 45 kilos hasta 65 o 70 como máximo. Mi hija tiene 14 años y pesa 49 kilos. Está en percentil 50 de peso y altura. Eso quiere decir que la mitad de las niñas de 14 años pesan ya más de 50 kilos. ¿Qué demonios tienen en la cabeza para buscar mujeres de 50 años que pesen menos que una adolescente?

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En una entrevista a Vanitatis, Verónica Alcanda, creadora de un servicio de matching para clientes de alto standing, explicaba:

Las mujeres alfa, ejecutivas, con una trayectoria vital y profesional estable y exitosa, buscan lo mismo que ellos: una relación estable con alguien de su mismo perfil”. La única diferencia entre ellos y ellas es la importancia del físico. “Puedes ver a una mujer muy guapa con un hombre menos atractivo, pero casi nunca eso pasa al contrario. Ellas son menos exigentes si les gusta el interior o es su perfecto ‘gentleman’. Eso casi nunca sucede al revés”, afirma.

No os podéis imaginar lo frustrante que es trabajar ayudando a las mujeres a recuperar su autoestima, por encima de la cifra que marca la báscula, y toparse de bruces con esta realidad, una y otra vez.

Nunca fue tan necesario el movimiento #bodypositive, nunca fue tan importante empoderar a la mujer, nunca hizo falta tanta gente remando en la misma dirección que yo lo hago, en contra de la industria de la moda y la dietética, soltando cadenas, liberando almas y cuerpos, enseñando a quererse y perdonarse.

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Querida, sé la mejor versión de ti misma, ámate sin esperar que nadie venga a hacerlo, pisa fuerte por la vida. Mira por encima del hombro a cretinos como estos, porque los que tienen un problema son ellos, no tú. Que nadie te haga creer que tu valía viene indicada por la cifra que marca tu báscula, por Dios, no te lo creas, porque te lo van a decir. Que la cinta métrica no estrangule tus sueños. Y, si de correr se te irrita la cara interna de los muslos, ¡vuela!

La sensualidad, la valía, la capacidad de amar no se mide en kilos ni en centímetros, y pobre de quien así lo crea. No vuelvas a soltar ni una puta lágrima por desamor o rechazo, algún día entenderás que te hicieron un favor. No sientas lástima de ti, siéntela por ellos. Ojalá pudieras verte como yo te veo. Así sabrías lo increíble que eres.

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La banda gástrica de Kiko Rivera

Ayer saltaba a los medios la noticia del cambio físico de Kiko Rivera, que se ha puesto una banda gástrica para bajar kilos. Al parecer, a su sobrepeso se unían graves problemas de gota, a pesar de tener tan sólo 33 años.

Factores que causan la gota, además del exceso de peso, son el alcohol, los alimentos ricos en purinas (carne roja, marisco, espárragos, lentejas, coliflor, espinacas, etc), la hipertensión, la diabetes, algunos medicamentos y la genética. Así que, si realmente quiere recuperar su salud, tendrá que trabajar muchos más factores que su peso. Pero sí, por algo se empieza.

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Se me ponen los pelos como escarpias cada vez que un famoso se somete a una técnica de reducción rápida de peso porque sus opiniones y fotos llegan a mucha gente. La frivolidad con la que los medios están tratando la noticia me preocupa, ya que me recuerda peligrosamente a los anuncios del tipo “Baje 10 kilos en dos semanas con estas pastillas milagrosas” que sigo sin entender cómo aún están permitidos, por atentar contra la salud y por ser una estafa manifiesta.

El otro día os contaba en otro artículo cómo vivimos en la cultura del cortoplacismo y del “no esfuerzo”. Queremos todo rápido y que nos cueste poco. Parece que lo gratis supone mayor esfuerzo y que si pago es para tenerlo más fácil, es decir, se sobreentiende una regla inversamente proporcional de “a mayor coste económico, menor esfuerzo por mi parte”. Por eso, es sencillo pensar que cuando alguien se somete a la operación que se ha hecho Kiko y que cuesta unos 10.000 euros, resulta ser la varita mágica que, como reduce mucho las cantidades que puedes comer, bajas de peso sí o sí.

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Pero, como todas las monedas, tiene otra cara y su coste no es sólo el económico. Hay rechazos, complicaciones, efectos secundarios, y también personas que no cambian sus hábitos y no bajan lo que esperaban, médicos sin escrúpulos que lo ofrecen como solución a trastornos alimentarios…

Hace poco vi un anuncio en Facebook de una clínica que ofrecía una intervención de este tipo como solución a las ingestas emocionales. Hice pantallazo pero he perdido la imagen con el cambio de móvil. Me parece vergonzoso, ya que ellos saben perfectamente que el problema de un TCA (Trastorno del Comportamiento Alimentario) no es el tamaño de nuestro estómago, sino nuestra gestión emocional. Si no comemos por hambre ¿cómo nos va a frenar un estómago pequeño?

Pues puede frenarnos provocando el vómito por saturación. Por lo visto, a alguien le parece útil, según se puede leer en foros de personas que llevan la banda, pero a mí me parece una conducta bulímica que puede transformar el trastorno por atracón en bulimia. Y se trata de evitar las ingestas emocionales, no de cambiar un TCA por otro. Seamos serios.

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De todos modos, si alguien cree que la solución a sus atracones es un castigo posterior, al más puro estilo Pavlov, le sugiero que se compre unos electrodos y se aplique unas descargas, que le va a salir mucho más barato. (ironía modo on)

En estos foros hay personas que cuentan bajadas de peso espectaculares, pero también otros que arrojan cifras que muy bien podrían haber logrado sólo con una dieta y ejercicio en el mismo tiempo. Es decir, no es la panacea. Y todos los que hablan a favor reconocen que han cambiado sus hábitos, alimentándose mejor e incorporando ejercicio a su vida diaria. Si buscas opiniones al respecto, asegúrate de que no están alojadas en la web de una clínica que las ofrece, o que esté patrocinada por ellas, que son la mayoría.

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Al fin y al cabo, la banda gástrica sólo es una tira de silicona que divide tu estómago en dos partes, como si fuese un reloj de arena, permitiendo menor cantidad en su interior. Pero te aseguro que no hará que aborrezcas las palmeras de chocolate, ni que te derritas de deseo al ver un plato de lechuga, ni que te mueras de ganas de ir al gimnasio cada mañana. Lo que logrará es que sientas saciedad más rápidamente, así que, antes de considerar ponerte una banda gástrica, piensa si de verdad, pero de verdad de la buena, tu problema es el hambre.

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Y ahora que ya te he hablado de la banda gástrica, te voy a hablar de los medios de comunicación. Porque no, este artículo no va sobre Kiko Rivera, aunque aparezca en el título por ser el detonante, ni sobre ninguna persona que se haya sometido a la misma operación. No soy quién para juzgar a nadie y cada cual tiene sus razones para tomar sus decisiones. Sólo te cuento mi opinión, formada por la experiencia de muchas personas afectadas que la han compartido conmigo de forma privada en los últimos años. Y mi opinión es que la banda gástrica, por sí sola, no es la solución a todos tus problemas.

En La Vanguardia encontramos el subtítulo “El hijo de Isabel Pantoja se ha puesto las pilas para mejorar su salud” que no voy a discutir, pero cualquiera que empieza a salir a andar con frecuencia, que incorpora más vegetales a su dieta y reduce azúcares, que deja el alcohol, o evita el estrés, ya se está poniendo las pilas para mejorar su salud. A ver si ahora los gordos del mundo que no nos achicamos el estómago resulta que no nos estamos cuidando.

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El Mundo se marca un titular al más puro estilo prensa rosa: “El drástico cambio físico de Kiko Rivera: pierde su tripa en una semana” Le ha faltado el redoble de tambores con fanfarria final ¡¡tatachánnnnn!! Por no hablar de la categorización del artículo: “FAMOSOS: Operación biquini en el quirófano“. Todo el mundo hablando de la salud de Kiko Rivera y estos lo clasifican como Operación Bikini. ¡Tela! Venga, que alguien me jure que esto es prensa seria y no el Cuore…

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Y la verdad es que en las fotos, si de verdad son sólo de una semana de diferencia, se aprecia mucho cambio. He hablado con personas que se han sometido a la misma intervención y me han dicho que es posible, aunque también hay otras que defienden lo contrario. También hay que tener en cuenta que la tripa es la zona donde más grasa acumulan los hombres y de donde antes la pierden. Al contrario que nosotras, que empezamos a bajar de donde menos queremos, normalmente, ¿o no? 😉

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Vanitatis nos cuenta que Kiko Rivera quiere estar cañón. Eso sí, por cuestiones de salud más que físicas, remarca en negro sobre el titular. Ah, pero ¿alguien quiere estar cañón por salud?

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Semana nos trae el titular “El gran momento de Kiko Rivera“. Y oye, ya me estaba alegrando por el muchacho. Porque yo, que no estoy nada puesta en el famoseo, he estado leyendo revistas y su Instagram para escribir este artículo y me he enterado de que va a ser padre de nuevo y de que acaba de lanzar su propio sello discográfico, o que El Mundo cuenta “parece que su faceta profesional empieza a despegar de manera más seria, consiguiendo importantes contratos con compañías especializadas en el tipo de música al que él se dedica” (debe ser que no tienen claro a qué género musical se dedica)…

Pero no, no, el momentazo de Kiko no es ninguno de estos éxitos personales o profesionales, el gran momento de su vida es el de ponerse una banda gástrica. ¡Qué cosas! Seguimos valiendo más por lo poco que pesamos que por lo que logramos.

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Y acabo con Mundo Deportivo porque sí, por incomprensible que me resulte, parece que esta noticia también interesa a una publicación deportiva. En este caso, la frase lapidaria es “¿Se habrá puesto a dieta o son los resultados de una reducción de estómago?” como si la operación no conllevase una dieta super estricta.

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Menos mal que luego lo han arreglado un poco en el desarrollo del artículo y hasta en negrita, porque hoy no gano para disgustos.

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Opinar es gratis. Hacer daño, también.

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Hoy se me ha vuelto a revolver el estómago al leer un artículo que explica cómo los haters (personas que dejan comentarios llenos de odio en redes sociales) se han cebado con Callie Thorpe, una de las influencers más representativas del movimiento #bodypositive, con más de 143.000 seguidores tan sólo en Instagram.

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Este movimiento comenzó en 1997 y consiste, básicamente, en librar a las personas del odio hacia sí mismas, ayudarles a valorar su belleza e identidad, y animarles a usar su energía e intelecto para hacer cambios positivos en sí mismas y en sus comunidades. Puedes saber más sobre el movimiento en www.thebodypositive.org

Ah, ¿que tú también creías que el #bodypositive es una moda de las redes sociales para hacer apología de la obesidad? Pues mira, va a ser que no. Aunque no te negaré que, como en todo movimiento, hay quien está haciendo mal uso de él.

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Callie Thorpe fue invitada a posar en un especial bikinis de Vogue Reino Unido. La revista mezcló, con un gusto exquisito, modelos de todas las tallas, haciendo una firme apuesta por el auténtico movimiento body positive. En ese reportaje lucen prendas de baño mujeres que usan talla grande, como Callie, Paloma Elsesser o Ashley Graham, y también modelos de figura muy delgada e, incluso, aniñada, como Bella Hadid, Grace Elizabeth o Emily Ratajkowski. Es decir, una muestra muy representativa de la vida real, ¿o es que en la playa sólo vemos modelos de pasarela?

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El problema viene cuando Callie, orgullosa de su trabajo para Vogue, comparte su foto en Instagram y recibe cientos de insultos, mezclados con los piropos de sus seguidores. Días más tarde, se publica un artículo sobre ella que llegó a acumular 900 comentarios ofensivos, llenos de insultos y críticas.

Callie terminó por subir un vídeo a su canal de Youtube hace tres días, en el que explica, durante 20 minutos, cómo la hicieron sentir. En un momento de la grabación, rompe a llorar. También pide a los suscriptores que denuncien esos comentarios con insultos como ofensivos. Y estoy de acuerdo con ella: mantener la red limpia es responsabilidad de todos.

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Los comentarios haters a chicas que no están delgadas son muy habituales.

Los trolls han existido desde los inicios de internet, y son, básicamente, personas que se registran en foros bajo un usuario falso, con el único propósito de molestar, insultar y provocar enfrentamientos. Vamos, los típicos camorristas de toda la vida, en versión digital. Lo peor que le puedes hacer a un troll es ignorarlo.

Como las redes sociales han canibalizado a los foros y chats, estos personajes también han evolucionado y ahora se les llama haters. Como su nombre indica, son odiadores y su única finalidad es insultar y cargar con la máxima crueldad con las personas que ponen en su punto de mira. Son tan abundantes que, en el mundillo de los influencers, se dice que no eres nadie si no tienes un hater. Es decir, se da por supuesto que si tienes muchos seguidores, seguro que hay algún hater entre ellos.

El problema es que los camorristas de antes, al menos, eran valientes, porque te echaban su mierda pero se arriesgaban a salir con la nariz partida y moqueando sangre. La diferencia es que ahora se amparan en el anonimato de una dirección I.P. o un usuario falso. Y, lo que es peor todavía, es que son tan numerosos que nos hemos acostumbrado a leerlos y hemos dejado de reaccionar ante ellos.

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Cuando veo estas cosas me recuerdan a “Ritmo 0”, la performance que Marina Abramovic realizó en 1974, en la que se comprometió a estar durante 6 horas inmóvil, a merced del público, a disposición del cual puso una mesa con muchos objetos. Le hiciesen lo que le hiciesen, ella no se movería, fingiendo ser un objeto. Personas del público besaron su cara, le hicieron cosquillas con plumas, la mojaron con agua… Tres horas después, un hombre le hizo un ligero corte en el cuello con un cuchillo para beber su sangre y este hecho desencadenó una respuesta violenta en gran parte de los espectadores: La zarandearon, la abrieron de piernas hiriéndola con un cuchillo, cortaron con tijeras su ropa, la arañaron con las espinas de las rosas… hasta que el espectáculo tuvo que ser suspendido porque se sorteó entre los asistentes una pistola cargada con balas, con la que se llegó a apuntar a la reina de la performance.

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Creo en la bondad natural de las personas, pero no hay luz sin sombra, y sucesos como estos sacan lo peor de nosotros. El anonimato y que otras personas empiecen antes, nos da pie para seguir maltratando a otra persona, sea física o verbalmente. Las redes sociales son el marco perfecto para destrozarle la vida a alguien desde la impunidad de nuestro hogar, tecleando en nuestro móvil desde el sofá, mientras tomamos un refresco y le decimos a nuestra pareja ¿Dónde vamos a cenar este fin de semana, cariño?

El problema es que mucha gente lo ve normal… ¡normal! Y esto sí que me asusta, mucho. Sólo hay que leer los comentarios, que son los mismos que yo misma he tenido que leer en mis redes sociales en más de una ocasión: “Si te expones, ya sabes a lo que te arriesgas” o “Si no quieres insultos, no cuentes tu vida”. Eh, eh, eh… ¡para! Que esto no es Sálvame, ni yo cobro por permitir que me insulten. La mayoría de las personas que publicamos en redes sociales, no sólo no obtenemos beneficios, sino que nos cuesta dinero el dominio del blog, por ejemplo, o invertir en una buena cámara.

Resulta curioso como la inmensa mayoría de personas, por suerte, valora el trabajo que haces exponiendo tu vida y entiende que lo haces por ayudar a otras personas y no por ego. Mientras que otras se refugian en el “ya sabes a lo que te arriesgas” para echarte encima todo el dolor de su frustrante vida.

Taurinos, gordos, flacos, homosexuales, padres que optan por la maternidad subrogada, madres que educan de distinto modo que tú… cualquier colectivo vale para cebarse con ellos, siempre que tú no estés en él, ¡claro! Posiblemente estés pensando que tú no eres un hater, vale, pero pregúntate si piensas, antes de enviar un comentario, en el impacto emocional que le va a suponer a la persona que lo reciba. Piensa si te gustaría leer algo así sobre ti mismo.

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Ya en 1995 se hizo necesario regular el uso de las intervenciones en Internet, creándose la Netiqueta, que es un conjunto de reglas que velan por el buen ambiente y seguridad en la red. Quizá no vendría mal recordarlas:

  • Regla 1: Nunca olvide que la persona que lee el mensaje es otro ser humano con sentimientos que pueden ser lastimados.
  • Regla 2: Adhiérase a los mismos estándares de comportamiento en línea que usted sigue en la vida real.
  • Regla 3: Escribir todo en mayúsculas se considera como gritar y, además, dificulta la lectura.
  • Regla 4: Respete el tiempo y el ancho de banda de otras personas.
  • Regla 5: Muestre el lado bueno de sí mismo mientras se mantenga en línea.
  • Regla 6: Comparta sus conocimientos con la comunidad.
  • Regla 7: Ayude a mantener los debates en un ambiente sano y educativo.
  • Regla 8: Respete la privacidad de terceras personas.
  • Regla 9: No abuse de su poder o de las ventajas que pueda usted tener.
  • Regla 10: Excuse los errores de otros. Comprenda los errores de los demás igual que usted espera que los demás comprendan los suyos.

Si eres un habitual de las redes, ¿crees que se están cumpliendo estas reglas? Pienso que estamos convirtiendo Internet en un territorio comanche donde todo vale.

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Pero, por encima de todo, me preocupa qué tiene dentro un hater, cuánto dolor y resentimiento debe acumular una persona para disfrutar machacando a los demás, qué autoestima tan baja se esconde detrás de agresiones de este tipo. Nos llenamos la boca hablando de diversidad y multiculturalidad, mientras mostramos tolerancia cero a cualquiera que no sea, viva, o piense como nosotros.

Os dejo un vídeo de Borja Vilaseca que lo explica perfectamente:


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Buenos días de copia-pega

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Hace pocos días conocí a un hombre. Hoy, con su mejor intención, me ha mandado por Whatsapp un vídeo del gato ese repelente con voz de pito gritando ¡Qué calooooorrrr!

gato
Le he dicho “Perdona, pero no puedo con estos vídeos. Es más, lo he abierto porque me lo has mandado tú, pero lo habitual es que los borre sin abrirlos siquiera”. El pobre se ha quedado chafado.
Seguido, le he mandado esta imagen, diciendo “Y cartelitos moñas como estos suponen bloqueo directo”. Luego, he puesto un emoticono guiñando un ojo y sacando la lengua para que quedase más asertivo, que tampoco se trata de cargarse al prójimo por mandar un vídeo.
maravilloso

Me responde “Me empiezas a dar miedo”. Ya, no sabes cómo te entiendo, yo también empiezo a darme miedo. Cada vez que os digo en mis publicaciones #elmundosevaalamierda es que me siento como un puñetero marciano en esta sociedad.

Y es que parece que se ha normalizado el uso de mensajes estándar para todo. Si alguien quiere decirme que le parezco una persona especial, que me lo escriba. No quiero que me mande el mismo cartel que le manda a otras ocho mujeres. ¿Cómo me voy a sentir especial si me mandas el mismo mensaje que a todas? Si me haces sentir una más, para mí eres uno menos.

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Porque sí, hay hombres que tienen creada una lista de difusión en Whatsapp para dar los buenos días a todas sus amigas. Práctico sí que es, la verdad. A mí me molesta sobremanera recibir uno de esos mensajes CCO. Tengo un conocido que lo hace y le he estado respondiendo por cortesía, a pesar de que ya le había advertido que no me gustan estas obligaciones.

Pero es que esto no se acaba nunca, porque cuando yo le respondo por no quedar mal, él vuelve a responderme, esta vez por escrito, deseándome un feliz día. Diossss, ¿la gente no tiene vida? Este, para más INRI, te lo manda por whatsapp y por messenger de Facebook. Le falta pedir un acuse de recibo, vaya.

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Me contó que dos amigas suyas le habían pedido que dejase de mandarles esos mensajes y que alguna hasta llegó a bloquearlo. Él estaba sorprendido y no entendía que seamos tan raras, porque, por lo visto, hay gente que le ha dicho que con sus mensajes matinales les alegra el día entero. Geniaaaal, pues mándaselos solo a ellos, ¿no?

“Pues es que no entiendo por qué os molesta tanto”. “No, si en realidad no necesito ni que lo entiendas, sólo que dejes de enviarlos“. Ya he optado por no responderle, a ver…

Otro día, en un grupo de Facebook, alguien preguntó si hoy habíamos recibido un mensaje de buenos días de esa persona especial. Yo dije que recibo varios mensajes cada mañana, pero nunca son de la persona que yo querría. Hubo gente que dijo que había que estar agradecido por tener personas que nos dan los buenos días, aunque no sean nuestra persona especial.

Pues no sé, a mí me parece una pérdida de tiempo que me pone bastante de los nervios, pero ya estoy acostumbrada a ser la rarita, hasta en un grupo de Facebook de más de mil personas. La gente que me conoce ya sabe que mis deseos son los mejores para todos, siempre. Y sólo escribo cuando tengo que contar algo. También es verdad que soy una persona extremadamente celosa del tiempo, del mío y del de los demás. Me parece uno de los mayores bienes que poseemos y que menos valoramos.

En los grupos también es habitual que muchos de los participantes cuelguen publicaciones como esta cada mañana.

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A esta foto, que ha puesto Pepito, le responden dando los buenos días 25 personas, a las que, por supuesto, Pepito devuelve el saludo, una a una. Pero es que, a su vez, esas 25 personas cuelgan en el grupo respectivas imágenes de buenos días y responden uno a uno deseándole un feliz día a todo aquel que les contesta.

Y cuando veo esas cosas, os lo juro, me pregunto si soy la única persona que trabaja por las mañanas en este país.  Ni qué decir tiene que la ronda de buenos deseos se repite en el momento de irse a dormir por la noche.

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Yo sólo doy los buenos días a mis hermanas y a mis Espumosas, al igual que son las personas con las que más hablo por whatsapp cada día y a las que les cuento lo bueno y malo que me sucede.

No critico a las personas que dedican tanto tiempo a desear buenos días y buenas noches a la mitad de la población mundial, es sólo que me niego a entrar en ese juego. Pero de verdad me sorprende que a la gente les llene una comunicación de este tipo. A mí me resulta frío, impersonal y, sobre todo, en ningún caso me hace sentir acompañada o importante para alguien, que se supone que es lo que se pretende. Lo que me hace sentir importante o que no estoy sola, es colgar un texto como este y que me hayan llegado varios whatsapps diciendo “Estoy aquí, ¿qué necesitas?”, o respuestas cariñosas o divertidas en Instagram y Facebook.

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La preocupación por este tema parece que ha llegado a Meetic, donde ahora las mujeres tenemos la posibilidad de valorar a algunos hombres como Meetic Badge y que luzcan en su perfil una rosa que los distinga. Un usuario Badge es aquel que, cuando te manda un mensaje, se nota que lo ha escrito en exclusiva para ti, es educado y escribe sin comerse la mitad de las letras. Quizá te sorprenda saber que no ganan su rosa ni el 10% de los usuarios.

Me vale cambiar el papel y el sello de Correos por un email, me vale gastar más las letras del teclado que la tinta del boli, me valen los audios de Whatsapp cuando no hay tiempo de vernos en persona. Pero no, definitivamente, no me valen las emociones enlatadas y estándar. Cualquier día alguien encargará un sello de caucho a Vistaprint que diga Te quiero.

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Aunque no me hagáis mucho caso, que con esto, como con muchas otras cosas, siento que la rara soy yo. Igual es que, como dice Monstruo Espagueti, llevo tanto tiempo sin pareja que tengo 1.538 manías acumuladas. Sí, igual sólo es eso…

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Algo está cambiando en los supermercados

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Uno de los mayores conflictos de las personas que tenemos sobrepeso es que, por un lado, se nos exige estar delgados para ser aceptados socialmente y se nos muestran referentes estéticos irreales e inalcanzables; mientras que, por otro, vivimos en un ambiente obesogénico que incita continuamente a comer de forma poco saludable y en más cantidad de la que necesitamos.

Hace años, antes de dedicarme al coaching, sabéis que trabajaba como comercial, aunque pocas personas saben exactamente a qué me dedicaba. Yo lo llamaba comercial por no dar muchas explicaciones, pero era gestor de punto de venta en una empresa de fuerza de ventas externa. Entiendes ahora por qué simplificaba diciendo comercial, ¿verdad?

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Trabajaba para primeras marcas y mi labor consistía en pasar a visitar personalmente todos los supermercados e hipermercados que tenía asignados (básicamente, todos los de mi ciudad y alguno de fuera, es decir, más de 100 cada mes) para asegurarme de que se cumplían las negociaciones que, mensualmente, pactaba mi cliente con la central de compras de esa cadena.

Por ejemplo, que aplicasen las ofertas negociadas, que hubiesen montado las cabeceras que mi cliente les pagaba, o que cumpliesen los metros de lineal en las estanterías que habían acordado. Todo eso lo pagan las marcas. Todos los artículos que ves en un supermercado pagan por estar ahí. Cuanto más pagan, más espacio ocupan, más cerca de tus manos o de tus ojos los tienes, más expositores ponen… Es decir, pagan para crearte la necesidad de comprarlos.

Gondola vs Cliente

Imagen de Jean Fretel M.

Desempeñar durante 3 años este trabajo me ha dado una visión bastante próxima y realista de cómo el marketing manipula nuestra decisión de compra. Y te aseguro que al que fabrica rosquillas le importa una mierda tu salud. Lo único que le importa es que compres sus rosquillas.

Las grandes compañías invierten fortunas en estudios de mercado que les llevan a tomar decisiones como cambiar el color del packaging (envoltorio) de su producto porque los de marketing aseguran que con la caja roja va a vender el doble que con la caja blanca.

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Yo, como vendedora de a pie, me he acordado más de una vez de la familia de estos señores que no mueven el culo de su despacho y que basan sus decisiones en estudios y teorías, pero no pisan un supermercado ni para hacer la compra semanal, lo que les hace perder la perspectiva real de la situación. Pero eso daría para otro artículo.

Podría contarte muchas estrategias de la industria alimentaria para que compres sus productos, pero te voy a hablar sólo de dos, que puede que sean las que más te afectan.

Una son los productos que hay en línea de cajas, que suelen ser de la categoría que llaman compra por impulso. Es decir, caprichos que, ante el aburrimiento de las filas de caja para pagar tu compra, acabas echando al carro. Son esas bolsas de patatas chips o chiclés. La misma expresión lo dice: compra por impulso. Es una compra automática y nada reflexiva que, seguramente, no hubieses hecho si ese producto estuviese en cualquier otra parte del supermercado.

También suelen ubicar en este espacio, las cosas para niños con personajes infantiles y colores llamativos y, por supuesto, a la altura de los niños para que los cojan directamente y a los padres nos resulte más difícil decirles que vuelvan a dejarlo donde estaba una vez que ya lo tienen en la mano.

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Una estrategia muy habitual, y aquí es donde he visto cambios, consiste en poner al fondo de los locales los alimentos básicos y de primera necesidad, o los frescos: pan, fruta y verdura, carne y pescado, harina, azúcar, leche, etc. De modo que, para llegar hasta ellos, tengas que pasar necesariamente por la zona de refrescos, bollería industrial, aperitivos de bolsa, alimentos procesados….

Se pueden permitir poner los básicos y frescos en el lugar menos accesible del supermercado porque saben que el consumidor llegará hasta ellos igualmente y, al mismo tiempo, están potenciando la compra de otros productos menos saludables.

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Por no hablar de que, generalmente, el precio de estos productos poco saludables es más bajo que el de alimentos sin procesar y son mucho más fáciles de consumir: Envases individuales, fecha de caducidad larga, no necesitan frío, se toman sin pelar o lavar, no manchan y no necesitan tiempo de preparación y cocinado. Vamos, un chollo para todo, excepto para nuestra salud.

Es obvio que entra dentro de la responsabilidad de cada uno el elegir productos saludables, pero es cierto que la Agencia Española de Seguridad Alimentaria debería hacer algo más contundente al respecto. Si lo piensas, usar el cinturón de seguridad en nuestros vehículos también es un acto de responsabilidad y, sin embargo, hay leyes que regulan su uso y nos multan por no utilizarlo.

Entonces, ¿por qué desde el gobierno no se interviene en este campo? Pues muy sencillo, porque la industria alimentaria mueve cifras astronómicas, al igual que el tabaco o el alcohol. Y los gigantes económicos están blindados.

A pesar de ello, hay intervenciones que podrían hacerse, como en Francia, que desde enero de este año está prohibido el free refill, es decir, el rellenado gratis de bebidas que ofrecen multinacionales como KFC, The Good Burguer, VIP’S, Burguer King, Foster’s Hollywood, o las cafeterías de Ikea. (No sé si sigue vigente, pero todos ellos lo ofrecieron durante un tiempo).

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El otro día, al ir a hacer la compra al super Eroski de mi barrio, me sorprendió gratamente que están poniendo la fruta y verdura nada más entrar al super. Es decir, los productos frescos de la huerta será lo primero que veremos al entrar al local. Y ya ha habido personas que me han dicho que en sus tiendas habituales está así.

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Esto también es marketing, no nos engañemos, porque a este cambio le han sumado una locución por megafonía que nos recuerda lo mucho que se preocupa Eroski por nuestra salud y que ya en 2007 implantó el semáforo nutricional en sus productos. Al final, hay que entender que son empresas, no ONGs. Lo importante es que se vayan implantando acciones como esta, que contribuyan a crear un ambiente y un estilo de vida que propicie los hábitos saludables y luche contra la obesidad.

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Hecho es mejor que perfecto. Y en alimentación, también.

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Este fue uno de los conceptos que más trabajé cuando me recuperaba de mi trastorno por atracón. Siempre intentaba hacer las cosas de un modo perfecto y, cuando me salía lo más mínimo de lo previsto, lo tiraba todo por la borda. Siempre he dicho que nada hace fracasar más dietas que el pensamiento total “Total, como ya me he pasado, sigo comiendo y empiezo de nuevo mañana”. ¿Te suena?

Me llevó mucho trabajo entender que no he de aspirar a la perfección, sino a estar cada vez un poquito mejor, que haya un progreso. Y no estoy hablando de adelgazar, estoy hablando de amor propio, de respetarme y quererme. Y ahí también entra la forma en que me alimento, claro.

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Me siento muy lejos del fitness y de la gente que cuenta macros y esas cosas, pero me encantó la frase que le leí una vez a Alberto, de The Macro Wizard “Alguien que cambia la Coca-cola por Coca-cola zero, ya está mejorando sus hábitos”. ¡Toma ya! Que sí, que ya sabemos que lo ideal sería tomar agua, pero vamos paso a paso y, sobre todo, respetando el momento de cada uno, ¿sí? Pedir a una persona que bebe 2 litros de Coca-cola al día que beba sólo agua, de un día para otro, es abocarlo directamente al fracaso.

Recuerdo cuando aún sufría compulsión y alguna vez publiqué que me había tomado una Cola zero para evitar un atracón, cómo tuve que leer alguna respuesta sobre lo malísimos que son los refrescos de cola. Disculpa, ¿has leído que gracias a eso he contenido un atracón? Probablemente, ni sepas qué es eso.

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Cuando hice el Camino de Santiago y os contaba que, a media etapa, tomaba un plátano y una Cola zero, me dejaron un comentario en Youtube “Chica, tienes que dejar la Coca-cola”. Vamos a ver, mi fisio dice que no sabe ni cómo puedo andar con los pies que me quedaron tras las operaciones, me estoy metiendo de tirón una etapa de 27 kilómetros con un desnivel que me deja sin aliento y, además, voy sola. Una Coca-cola no, me puedo tomar un carajillo y un bocata de panceta, si me da la gana.

La gente que sigue mi cuenta de Vivirparacomer en redes sociales, sabe que nunca fue una cuenta de dietas, ni de contar calorías, aunque alguna vez compartí con vosotros mis esfuerzos por bajar de peso. Se creó con la intención de dar a conocer la ingesta emocional de comida y contar mi proceso de recuperación, fui la primera persona en España que reconoció a cara descubierta sufrir este trastorno.

Y el punto número uno para recuperarte es OLVIDARTE DE DIETAS, que lo único que hacen es perpetuar el ciclo restricción-compulsión-culpa. Y no lo digo sólo yo, lo dicen los equipos multidisciplinares de las Unidades de trastornos del comportamiento alimentario, formados por psicólogos, psiquiatras y nutricionistas o endocrinos. Podéis leer sus pautas en este apartado de mi web. Que esto no va de adelgazar, va de salvarse.

fruta

Por eso me sorprendió la respuesta que obtuve esta semana a una de mis publicaciones en Instagram. Vaya por delante que no es nada personal hacia las personas que escribieron, ya que las aprecio y una de ellas se encuentra entre mis mejores amigas. Y me consta que la intención fue inmejorable y la información que aportaron totalmente cierta.

Y hasta cierto punto a mí de da igual, porque tengo muy claro mi criterio y lo que quiero, pero comentarios así pueden confundir mucho a personas que siguen mi cuenta tratando de superar su dependencia de la comida.

Como ya sabéis, no estoy tratando de adelgazar y lo único que me preocupa en este momento es comer alimentos lo menos procesados posible, pero sin fanatismos. Evitar las listas largas de ingredientes, el aceite de palma, el glutamato monosódico y esos códigos indescifrables de conservantes y colorantes.

Pero vaya, lo evito en la medida de lo posible. Si tengo que comer un precocinado, me lo como sin ningún cargo de conciencia. Y tampoco leo la etiqueta de absolutamente todo lo que tomo. Opino que cuando entramos en esas conductas seguimos teniendo un problema, aunque cambie el nombre. La obsesión por la comida sana se llama ortorexia y está reconocida como trastorno de alimentación desde la publicación del DSM-5 en mayo del 2013.

Ingredientes

El otro día fui a Eroski y en la zona de refrigerados vi unos zumos que llamaron mi atención y me sorprendió gratamente que la composición fuese 60% zumo de naranja y 40% puré de zanahoria. Nada más. No los compré porque en mi casa no se consumen zumos, pero, de hacerlo, hubiese sido una excelente opción de compra. A mi juicio, claro.

Así que le hice una foto para compartirlo con mi comunidad y la publiqué con este pie: “Que si me llevan al huerto, dice… Pues la verdad es que con esa composición 100% natural y cero aditivos me lleváis donde queráis!! 😂 Hay más sabores, los he visto en refrigerados de Eroski y cuestan algo más de 2 euros la botella de 750 ml. Son de @lazumeria“.

zumo de naranja

Una usuaria me dejó esta respuesta: “Saca de un apuro y su composición mola mucho, pero cuidado con el azúcar libre que hay en todo zumo”, yo le digo que es el azúcar de la fruta y me aclara: “No, a ver. A modo de resumen resumido: El azúcar intrínseca de la fruta cuando te la comes entera tiene una estructura, digamos de cubo, que el organismo trata de equis manera. Esa azúcar no es “mala”, por decirlo de alguna manera.

En cambio cuando bebes un zumo de la fruta que sea, aunque te lo hayas hecho en casa, esa estructura del azúcar se rompe convirtiéndose en azúcar libre, en ” azúcar malo”, en (aunque cueste creerlo) lo mismo que los terrones de azúcar. Generan picos de azúcar en la sangre e impiden adelgazar por eso mismo.

Una cosa es el azúcar intrínseco y otra el azúcar libre (el bueno y malo, respectivamente y resumiendo mucho) Además de que al ser en zumo se eliminan muchas vitaminas y toda la fibra de la fruta, por ello mejor que el zumo, el batido (sin colar, con su pulpa) y mejor que el batido, la fruta entera.”

Otra usuaria añade: “Como te dice . Mucho mejor tomar fruta entera. En los zumos le quitas la fibra y el zumo aunque es es fruta es puro azúcar. Además muy alto en calorías, un vaso de zumo son 2-3 naranjas. Y es difícil comerse 3 naranjas de una sentada, sacian mucho, sin embargo un zumo te lo bebes tranquilamente en unos sorbos y ni siquiera te llenas. En general, elegir alimentos enteros es siempre la mejor opción :)”

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No sé. En mi publicación no decía que fuese bajo en calorías, ni que yo quisiera adelgazar, ni siquiera que hubiese comprado el zumo. Incluso para mí, si trato de tomar menos procesados, es obvio que es mejor la pieza de fruta que el zumo, pero creo que para la cantidad de porquerías que encontramos en un supermercado, está fenomenal. Es decir, no lo presenté como un super alimento, sino como lo más saludable que había visto dentro de los zumos envasados.

Es curioso como jamás hemos tenido tanta información sobre la comida, pero estamos peor alimentados que nunca y con mayor número de enfermedades asociadas y trastornos del comportamiento alimentario. Nuestros abuelos no sabían si el azúcar de la fruta tiene estructura de cubo, pero comían muchísimo más sano que nosotros (cuando comían) y había menor índice de obesidad. Luego, algo no está funcionando.

Para mí, no es cuestión de leerse todos los libros y artículos que se publican sobre dietética y estudiar un máster en nutrición. Para mí, se trata de aplicar el sentido común, desdramatizar, evitar los extremismos, disfrutar de nuestra dieta mediterránea… y, sobre todo, ¡vivir!

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El que cuenta macros, o mira el índice glucémico, el que sigue la dieta paleo o el que es vegano, cree que lo que hace es lo mejor de lo mejor. Y está genial. Pero si hubiese una fórmula perfecta y comprobada, se habría extendido universalmente y hubiese sido adoptada por todos, ¿no crees?

Así pues, creo que no existe la necesidad de evangelizar al resto del mundo acerca de nuestras creencias nutricionales. Hay muchas cuentas en Instagram que respeto profundamente, pero que no las sigo porque no comulgan con mis creencias y no me interesan lo más mínimo.

La información está al alcance de todo el mundo que quiera saber. Creo que es importante respetar el momento y las elecciones de cada persona. Cada cual toma sus propias decisiones y comete los errores que necesita para su aprendizaje. Hecho es mejor que perfecto y todo está bien.

Profesionales especializados cuya filosofía comparto son: el dietista-nutricionista Julio Basulto, autor de libros como “No más dieta”,  el profesor titular de biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia y autor de libros como “Comer sin miedo”, J.M. Mulet, o mi paisano, el nutricionista Juan Revenga, que ha publicado libros como “Adelgázame, miénteme”. Un trío de ases que escriben una oda al sentido común y práctico y que se enfrentan continuamente a la mafia de la industria alimentaria. ¡Gracias!

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Reivindico el piropo

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Nos estamos volviendo unos rancios y encorsetados de narices. Ya no se puede contar un chiste o compartir un meme en Facebook sin ofender a la mitad de la población. Como bromees con gordos, calvos, gays, inmigrantes, políticos, hombres, mujeres y viceversa, vas fino. Pero fino filipino. Y aquí me incluyo, porque hay que saber donde está la fina línea que separa el humor inteligente del mal gusto.

Vivirparacomer es una comunidad de más de 15.000 personas en las que la mayoría tienen problemas de peso. Y, como le respondía el otro día a Anabel en Facebook, “A algunas mujeres con muchos seguidores les regalan cremas y ropa. A mí no me mandan nada, pero cuando quiero decir algo lo escribo y me quedo más ancha que pancha” 😉 Así que, comentarios hirientes y de mal gusto no paso ni uno, pero tenemos que aprender a desdramatizar, dejar de percibir cualquier comentario como una agresión y reírnos un poco más.

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El otro día hablaba con un amigo que entrena mucho en el gimnasio y controla lo que come, me decía que eso le hace sentir bien consigo mismo, independientemente de la opinión de los demás. ¡Bien por él!

“Al final -le dije- estamos en un punto muy parecido, sólo que tú cuidas más tu exterior y yo mi interior. Tú aspiras a ser como Schwarzenegger y yo como el Maestro Yoda. De momento, el cuerpo ya lo tengo”. Los dos reímos.

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Te cuento todo esto porque con los piropos pasa lo mismo. Y hoy vengo a reivindicar el piropo elegante, aún a sabiendas de que me puede caer la del pulpo. He visto respuestas absolutamente desmedidas en redes sociales ante piropos o comentarios que a mí me hubiese gustado recibir y no por ello me sentiría denigrada, ni como mujer, ni como persona. Tengo varios amigos que aseguran que ahora no se puede decir nada a una mujer sin que te acusen de machismo o acoso.

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Vale, igual yo también soy una acosadora, pero si un tío está bueno se lo digo. Hasta la fecha ninguno se ha ofendido ni molestado, que yo sepa. “¡Qué bocado le metería a ese culo!”, “Estás muy follable”, “Te empiezo a comer y no dejo ni los mocos”, “Cambia esa foto de perfil, que me pongo nerviosa cada vez que me entra un whatsapp tuyo” son algunas de las frases que digo.

Y te aseguro que no soy una vieja verde, ni una babosa que va pensando en tener sexo con todos los tíos que se cruza por la calle. Obviamente, estos comentarios están dentro de la confianza de personas que conozco y no los voy gritando por la calle a desconocidos. Creo que es lo que marca la diferencia.

Piropo

Supongo que todo depende de tu propia percepción de estos comentarios. A mí me gusta tanto recibir un “Tienes unos ojos preciosos” como “Vaya polvazo tienes, morena”. Y se me escapa la risa cada vez que paso por delante del bar que hay junto a mi casa y Mario me grita “Ahí va la mujer más guapa del barrio”, delante de los tres o cuatro hombres que suelen estar fumando en la puerta.

Simplemente, me gusta destacar las cualidades de las personas. Hay personas que destacan por otras razones y también las piropeo. El otro día, cuando fui al médico, entré al ascensor con una pareja de ancianos. Me quedé embobada mirando a la señora.

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Tendría cerca de 80 años, una melena francesa, completamente blanca y ligeramente ondulada, se veía cuidada. Llevaba un labial rojo que contrastaba muchísimo con su piel blanca y llena de arrugas. Vestía un conjunto azul marino y blanco, perfectamente combinado.

Me deshizo de ternura y admiración verla tan cuidada a su edad. No dejaba de mirarla y, finalmente, exclamé “¡Vaya mujer guapa!”. Ella bajó la vista y dijo “Uy madre, guapa…” Le respondí que me parecía maravilloso que se mantuviese así de bonita. Su marido me miró, la miró, y me dijo “¿Cómo no va a estar guapa si tiene 17 años?” Me fundí en un charquito.

¿Por qué un piropo de mujer a mujer es un halago, y si es de hombre a mujer es acoso? En el grupo de singles en el que participo no es raro leer comentarios entre mujeres en los que nos decimos “Si fuese hombre, te echaría la caña”. Y es que hay mujeres en ese grupo que me parecen fascinantes ¿por qué no se lo voy a decir?

Creo que todos tenemos el suficiente criterio para saber cuando un comentario no procede y es de mal gusto. Y opino que la vida sería mejor si todos criticásemos menos y fuésemos más amables con los demás. Así que hoy, desde aquí, reivindico mi derecho al piropo, a decirlo y a recibirlo. Me voy a hacer una chapa para llevar en la camiseta, que diga “Se admiten piropos”, o algo así.

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Buscando vídeos para acompañar a este artículo, he visto algunos que decían “Frases bonitas para enamorar a una mujer (evita llamarlos piropos)” y me da mucha pena que esta palabra haya adquirido esa connotación negativa por el mal uso que se ha hecho de ella, cuando la RAE la describe como Dicho breve con el que se pondera alguna cualidad de alguien, especialmente la belleza de una mujer. 

No seré yo quien defienda el machismo o la grosería. Situaciones como las del siguiente vídeo son totalmente inadmisibles:

Pero, definitivamente, prefiero quedarme con el sentido del humor, como en este:

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Vale, estoy gorda. Y ahora, déjame vivir.

Comer sin ansiedad con PNL

Gracias. De verdad, gracias a la gente que se preocupa por la salud de todos los gordos del mundo, entre los que me incluyo. Pero ocupaos de la vuestra.

La gordofobia está llegando a límites insospechados y todo el mundo se cree con el derecho a juzgar, criticar, burlarse y darnos pautas a seguir a las personas que tenemos kilos de más.  Lo más probable es que no hayan hecho una dieta en su vida, pero todos tienen la receta mágica para que nosotros bajemos de peso.

A mí, no. Por la razón que sea, nunca en mi adultez he recibido críticas o comentarios hirientes sobre mi peso. Hay gente que me dice que impongo, puede ser, aunque si eres seguidor habitual de mis redes sociales debes de estar revolcándote de la risa. Yo me veo como una persona cercana y confiable, pero es cierto que mando a hacer puñetas en el mismo tiempo que un Ferrari pasa de 0 a 100. Tonterías las justas, y menos con este tema.

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Hace unos días subí esta foto con un pie que decía “Un día voy a sacar la mano de matar tontos y me voy a quedar sola. ¡¡Qué mañanita!!”

El motivo era porque, en un grupo de Facebook, salió el tema de los gordos. Después de un rato defendiendo mi postura, una mujer dice “Hombre, si a una persona muy cercana a mí le sobrasen 5 o 6 kilos yo no la criticaría, pero es que es por su salud

Y aquí viene cuando se me pone la carótida como una anaconda. Mira, bonita mía, tú no eres quién para criticar a nadie, ni que le sobren 5 kilos, ni que le sobren 50, punto primero.

Punto segundo, ahora parece que el mundo entero se preocupa por la salud de los gordos, pero alguien nombra la palabra peta, y seguido escucho varios ¡que rule!, así como veo personas que beben alcohol sin medida cada fin de semana, algunos que siguen fumando una cajetilla diaria, otros que conducen con copas de más, mujeres que no se han hecho una revisión ginecológica en su vida, otros que no van al dentista desde que les quitaron la ortodoncia en la adolescencia, algunos están enganchados a relaciones tóxicas, o compran o juegan de forma compulsiva… Pero, ¿alguien se mete con ellos? ¡No! Y ¿por qué no? Porque ellos está delgados, que a veces parece que es lo único por lo que te valora esta sociedad. Puedes ser la caña de España, pero como estés gorda, ¡ay, bonita!

PhotoGrid_1496992029521Por supuesto que la obesidad trae enfermedades aparejadas, al igual que todo lo que he citado antes. Pero, ¿se puede comparar la salud de unos con la de otros? ¿cómo lo medimos? Porque a mí me sobran muchos kilos pero me juego mis analíticas con las de cualquiera. Nunca me ha salido un asterisco en unos resultados, bueno sí, en el colesterol bueno, que anda que no les fastidia a los médicos. Porque te duela la cabeza, tengas psoriasis o una fractura de cúbito, les encanta decirte que “deberías bajar de peso”.

En fin, que estar gordo no es bueno, ya lo sabemos, pero dejadnos vivir ¿vale? En serio, que os agobiáis más de la cuenta porque creéis que los gordos nos pasamos el día tirados en el sofá viendo la tele con un triángulo de pizza de pepperoni en la mano. Y, posiblemente, tengamos hábitos más saludables que los vuestros.

El otro día me llama un conocido por teléfono cuando estaba en mi caminata de las mañanas. Le digo que no sé si podré hablar mucho rato porque mi ritmo es andar todo lo rápido que puedo sin llegar a correr. Y aliento para hablar no me sobra, la verdad. Me responde “Ah, veo que estás trabajando la bajada de peso”. ¿Perdona?

what gifHace 7 años que las caminatas diarias de un mínimo de 5 kilómetros forman parte de mi rutina habitual y la he abandonado en muy pocas ocasiones. Por no hablar de que me alimento muchísimo mejor que tú.

Para mí, es infinitamente más importante tener buenos hábitos: comer sano, tener actividad física, cuidar el descanso y vivir sin estrés. Y, si comemos sano, ¿cómo es que estamos gordos? Como respondió una vez una seguidora a una de mis publicaciones: “No es lo mismo comer sano, que comer sano para bajar de peso”.

Seguramente, si tenemos exceso de peso, ya estamos haciendo algo para solucionarlo. O no. En todo caso, no es asunto tuyo. Así que deja de meterte en mi vida, o voy a  acabar pensando que la tuya es demasiado aburrida.

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