Opinar es gratis. Hacer daño, también.

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Hoy se me ha vuelto a revolver el estómago al leer un artículo que explica cómo los haters (personas que dejan comentarios llenos de odio en redes sociales) se han cebado con Callie Thorpe, una de las influencers más representativas del movimiento #bodypositive, con más de 143.000 seguidores tan sólo en Instagram.

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Este movimiento comenzó en 1997 y consiste, básicamente, en librar a las personas del odio hacia sí mismas, ayudarles a valorar su belleza e identidad, y animarles a usar su energía e intelecto para hacer cambios positivos en sí mismas y en sus comunidades. Puedes saber más sobre el movimiento en www.thebodypositive.org

Ah, ¿que tú también creías que el #bodypositive es una moda de las redes sociales para hacer apología de la obesidad? Pues mira, va a ser que no. Aunque no te negaré que, como en todo movimiento, hay quien está haciendo mal uso de él.

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Callie Thorpe fue invitada a posar en un especial bikinis de Vogue Reino Unido. La revista mezcló, con un gusto exquisito, modelos de todas las tallas, haciendo una firme apuesta por el auténtico movimiento body positive. En ese reportaje lucen prendas de baño mujeres que usan talla grande, como Callie, Paloma Elsesser o Ashley Graham, y también modelos de figura muy delgada e, incluso, aniñada, como Bella Hadid, Grace Elizabeth o Emily Ratajkowski. Es decir, una muestra muy representativa de la vida real, ¿o es que en la playa sólo vemos modelos de pasarela?

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El problema viene cuando Callie, orgullosa de su trabajo para Vogue, comparte su foto en Instagram y recibe cientos de insultos, mezclados con los piropos de sus seguidores. Días más tarde, se publica un artículo sobre ella que llegó a acumular 900 comentarios ofensivos, llenos de insultos y críticas.

Callie terminó por subir un vídeo a su canal de Youtube hace tres días, en el que explica, durante 20 minutos, cómo la hicieron sentir. En un momento de la grabación, rompe a llorar. También pide a los suscriptores que denuncien esos comentarios con insultos como ofensivos. Y estoy de acuerdo con ella: mantener la red limpia es responsabilidad de todos.

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Los comentarios haters a chicas que no están delgadas son muy habituales.

Los trolls han existido desde los inicios de internet, y son, básicamente, personas que se registran en foros bajo un usuario falso, con el único propósito de molestar, insultar y provocar enfrentamientos. Vamos, los típicos camorristas de toda la vida, en versión digital. Lo peor que le puedes hacer a un troll es ignorarlo.

Como las redes sociales han canibalizado a los foros y chats, estos personajes también han evolucionado y ahora se les llama haters. Como su nombre indica, son odiadores y su única finalidad es insultar y cargar con la máxima crueldad con las personas que ponen en su punto de mira. Son tan abundantes que, en el mundillo de los influencers, se dice que no eres nadie si no tienes un hater. Es decir, se da por supuesto que si tienes muchos seguidores, seguro que hay algún hater entre ellos.

El problema es que los camorristas de antes, al menos, eran valientes, porque te echaban su mierda pero se arriesgaban a salir con la nariz partida y moqueando sangre. La diferencia es que ahora se amparan en el anonimato de una dirección I.P. o un usuario falso. Y, lo que es peor todavía, es que son tan numerosos que nos hemos acostumbrado a leerlos y hemos dejado de reaccionar ante ellos.

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Cuando veo estas cosas me recuerdan a “Ritmo 0”, la performance que Marina Abramovic realizó en 1974, en la que se comprometió a estar durante 6 horas inmóvil, a merced del público, a disposición del cual puso una mesa con muchos objetos. Le hiciesen lo que le hiciesen, ella no se movería, fingiendo ser un objeto. Personas del público besaron su cara, le hicieron cosquillas con plumas, la mojaron con agua… Tres horas después, un hombre le hizo un ligero corte en el cuello con un cuchillo para beber su sangre y este hecho desencadenó una respuesta violenta en gran parte de los espectadores: La zarandearon, la abrieron de piernas hiriéndola con un cuchillo, cortaron con tijeras su ropa, la arañaron con las espinas de las rosas… hasta que el espectáculo tuvo que ser suspendido porque se sorteó entre los asistentes una pistola cargada con balas, con la que se llegó a apuntar a la reina de la performance.

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Creo en la bondad natural de las personas, pero no hay luz sin sombra, y sucesos como estos sacan lo peor de nosotros. El anonimato y que otras personas empiecen antes, nos da pie para seguir maltratando a otra persona, sea física o verbalmente. Las redes sociales son el marco perfecto para destrozarle la vida a alguien desde la impunidad de nuestro hogar, tecleando en nuestro móvil desde el sofá, mientras tomamos un refresco y le decimos a nuestra pareja ¿Dónde vamos a cenar este fin de semana, cariño?

El problema es que mucha gente lo ve normal… ¡normal! Y esto sí que me asusta, mucho. Sólo hay que leer los comentarios, que son los mismos que yo misma he tenido que leer en mis redes sociales en más de una ocasión: “Si te expones, ya sabes a lo que te arriesgas” o “Si no quieres insultos, no cuentes tu vida”. Eh, eh, eh… ¡para! Que esto no es Sálvame, ni yo cobro por permitir que me insulten. La mayoría de las personas que publicamos en redes sociales, no sólo no obtenemos beneficios, sino que nos cuesta dinero el dominio del blog, por ejemplo, o invertir en una buena cámara.

Resulta curioso como la inmensa mayoría de personas, por suerte, valora el trabajo que haces exponiendo tu vida y entiende que lo haces por ayudar a otras personas y no por ego. Mientras que otras se refugian en el “ya sabes a lo que te arriesgas” para echarte encima todo el dolor de su frustrante vida.

Taurinos, gordos, flacos, homosexuales, padres que optan por la maternidad subrogada, madres que educan de distinto modo que tú… cualquier colectivo vale para cebarse con ellos, siempre que tú no estés en él, ¡claro! Posiblemente estés pensando que tú no eres un hater, vale, pero pregúntate si piensas, antes de enviar un comentario, en el impacto emocional que le va a suponer a la persona que lo reciba. Piensa si te gustaría leer algo así sobre ti mismo.

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Ya en 1995 se hizo necesario regular el uso de las intervenciones en Internet, creándose la Netiqueta, que es un conjunto de reglas que velan por el buen ambiente y seguridad en la red. Quizá no vendría mal recordarlas:

  • Regla 1: Nunca olvide que la persona que lee el mensaje es otro ser humano con sentimientos que pueden ser lastimados.
  • Regla 2: Adhiérase a los mismos estándares de comportamiento en línea que usted sigue en la vida real.
  • Regla 3: Escribir todo en mayúsculas se considera como gritar y, además, dificulta la lectura.
  • Regla 4: Respete el tiempo y el ancho de banda de otras personas.
  • Regla 5: Muestre el lado bueno de sí mismo mientras se mantenga en línea.
  • Regla 6: Comparta sus conocimientos con la comunidad.
  • Regla 7: Ayude a mantener los debates en un ambiente sano y educativo.
  • Regla 8: Respete la privacidad de terceras personas.
  • Regla 9: No abuse de su poder o de las ventajas que pueda usted tener.
  • Regla 10: Excuse los errores de otros. Comprenda los errores de los demás igual que usted espera que los demás comprendan los suyos.

Si eres un habitual de las redes, ¿crees que se están cumpliendo estas reglas? Pienso que estamos convirtiendo Internet en un territorio comanche donde todo vale.

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Pero, por encima de todo, me preocupa qué tiene dentro un hater, cuánto dolor y resentimiento debe acumular una persona para disfrutar machacando a los demás, qué autoestima tan baja se esconde detrás de agresiones de este tipo. Nos llenamos la boca hablando de diversidad y multiculturalidad, mientras mostramos tolerancia cero a cualquiera que no sea, viva, o piense como nosotros.

Os dejo un vídeo de Borja Vilaseca que lo explica perfectamente:


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Buenos días de copia-pega

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Hace pocos días conocí a un hombre. Hoy, con su mejor intención, me ha mandado por Whatsapp un vídeo del gato ese repelente con voz de pito gritando ¡Qué calooooorrrr!

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Le he dicho “Perdona, pero no puedo con estos vídeos. Es más, lo he abierto porque me lo has mandado tú, pero lo habitual es que los borre sin abrirlos siquiera”. El pobre se ha quedado chafado.
Seguido, le he mandado esta imagen, diciendo “Y cartelitos moñas como estos suponen bloqueo directo”. Luego, he puesto un emoticono guiñando un ojo y sacando la lengua para que quedase más asertivo, que tampoco se trata de cargarse al prójimo por mandar un vídeo.
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Me responde “Me empiezas a dar miedo”. Ya, no sabes cómo te entiendo, yo también empiezo a darme miedo. Cada vez que os digo en mis publicaciones #elmundosevaalamierda es que me siento como un puñetero marciano en esta sociedad.

Y es que parece que se ha normalizado el uso de mensajes estándar para todo. Si alguien quiere decirme que le parezco una persona especial, que me lo escriba. No quiero que me mande el mismo cartel que le manda a otras ocho mujeres. ¿Cómo me voy a sentir especial si me mandas el mismo mensaje que a todas? Si me haces sentir una más, para mí eres uno menos.

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Porque sí, hay hombres que tienen creada una lista de difusión en Whatsapp para dar los buenos días a todas sus amigas. Práctico sí que es, la verdad. A mí me molesta sobremanera recibir uno de esos mensajes CCO. Tengo un conocido que lo hace y le he estado respondiendo por cortesía, a pesar de que ya le había advertido que no me gustan estas obligaciones.

Pero es que esto no se acaba nunca, porque cuando yo le respondo por no quedar mal, él vuelve a responderme, esta vez por escrito, deseándome un feliz día. Diossss, ¿la gente no tiene vida? Este, para más INRI, te lo manda por whatsapp y por messenger de Facebook. Le falta pedir un acuse de recibo, vaya.

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Me contó que dos amigas suyas le habían pedido que dejase de mandarles esos mensajes y que alguna hasta llegó a bloquearlo. Él estaba sorprendido y no entendía que seamos tan raras, porque, por lo visto, hay gente que le ha dicho que con sus mensajes matinales les alegra el día entero. Geniaaaal, pues mándaselos solo a ellos, ¿no?

“Pues es que no entiendo por qué os molesta tanto”. “No, si en realidad no necesito ni que lo entiendas, sólo que dejes de enviarlos“. Ya he optado por no responderle, a ver…

Otro día, en un grupo de Facebook, alguien preguntó si hoy habíamos recibido un mensaje de buenos días de esa persona especial. Yo dije que recibo varios mensajes cada mañana, pero nunca son de la persona que yo querría. Hubo gente que dijo que había que estar agradecido por tener personas que nos dan los buenos días, aunque no sean nuestra persona especial.

Pues no sé, a mí me parece una pérdida de tiempo que me pone bastante de los nervios, pero ya estoy acostumbrada a ser la rarita, hasta en un grupo de Facebook de más de mil personas. La gente que me conoce ya sabe que mis deseos son los mejores para todos, siempre. Y sólo escribo cuando tengo que contar algo. También es verdad que soy una persona extremadamente celosa del tiempo, del mío y del de los demás. Me parece uno de los mayores bienes que poseemos y que menos valoramos.

En los grupos también es habitual que muchos de los participantes cuelguen publicaciones como esta cada mañana.

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A esta foto, que ha puesto Pepito, le responden dando los buenos días 25 personas, a las que, por supuesto, Pepito devuelve el saludo, una a una. Pero es que, a su vez, esas 25 personas cuelgan en el grupo respectivas imágenes de buenos días y responden uno a uno deseándole un feliz día a todo aquel que les contesta.

Y cuando veo esas cosas, os lo juro, me pregunto si soy la única persona que trabaja por las mañanas en este país.  Ni qué decir tiene que la ronda de buenos deseos se repite en el momento de irse a dormir por la noche.

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Yo sólo doy los buenos días a mis hermanas y a mis Espumosas, al igual que son las personas con las que más hablo por whatsapp cada día y a las que les cuento lo bueno y malo que me sucede.

No critico a las personas que dedican tanto tiempo a desear buenos días y buenas noches a la mitad de la población mundial, es sólo que me niego a entrar en ese juego. Pero de verdad me sorprende que a la gente les llene una comunicación de este tipo. A mí me resulta frío, impersonal y, sobre todo, en ningún caso me hace sentir acompañada o importante para alguien, que se supone que es lo que se pretende. Lo que me hace sentir importante o que no estoy sola, es colgar un texto como este y que me hayan llegado varios whatsapps diciendo “Estoy aquí, ¿qué necesitas?”, o respuestas cariñosas o divertidas en Instagram y Facebook.

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La preocupación por este tema parece que ha llegado a Meetic, donde ahora las mujeres tenemos la posibilidad de valorar a algunos hombres como Meetic Badge y que luzcan en su perfil una rosa que los distinga. Un usuario Badge es aquel que, cuando te manda un mensaje, se nota que lo ha escrito en exclusiva para ti, es educado y escribe sin comerse la mitad de las letras. Quizá te sorprenda saber que no ganan su rosa ni el 10% de los usuarios.

Me vale cambiar el papel y el sello de Correos por un email, me vale gastar más las letras del teclado que la tinta del boli, me valen los audios de Whatsapp cuando no hay tiempo de vernos en persona. Pero no, definitivamente, no me valen las emociones enlatadas y estándar. Cualquier día alguien encargará un sello de caucho a Vistaprint que diga Te quiero.

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Aunque no me hagáis mucho caso, que con esto, como con muchas otras cosas, siento que la rara soy yo. Igual es que, como dice Monstruo Espagueti, llevo tanto tiempo sin pareja que tengo 1.538 manías acumuladas. Sí, igual sólo es eso…

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Algo está cambiando en los supermercados

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Uno de los mayores conflictos de las personas que tenemos sobrepeso es que, por un lado, se nos exige estar delgados para ser aceptados socialmente y se nos muestran referentes estéticos irreales e inalcanzables; mientras que, por otro, vivimos en un ambiente obesogénico que incita continuamente a comer de forma poco saludable y en más cantidad de la que necesitamos.

Hace años, antes de dedicarme al coaching, sabéis que trabajaba como comercial, aunque pocas personas saben exactamente a qué me dedicaba. Yo lo llamaba comercial por no dar muchas explicaciones, pero era gestor de punto de venta en una empresa de fuerza de ventas externa. Entiendes ahora por qué simplificaba diciendo comercial, ¿verdad?

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Trabajaba para primeras marcas y mi labor consistía en pasar a visitar personalmente todos los supermercados e hipermercados que tenía asignados (básicamente, todos los de mi ciudad y alguno de fuera, es decir, más de 100 cada mes) para asegurarme de que se cumplían las negociaciones que, mensualmente, pactaba mi cliente con la central de compras de esa cadena.

Por ejemplo, que aplicasen las ofertas negociadas, que hubiesen montado las cabeceras que mi cliente les pagaba, o que cumpliesen los metros de lineal en las estanterías que habían acordado. Todo eso lo pagan las marcas. Todos los artículos que ves en un supermercado pagan por estar ahí. Cuanto más pagan, más espacio ocupan, más cerca de tus manos o de tus ojos los tienes, más expositores ponen… Es decir, pagan para crearte la necesidad de comprarlos.

Gondola vs Cliente

Imagen de Jean Fretel M.

Desempeñar durante 3 años este trabajo me ha dado una visión bastante próxima y realista de cómo el marketing manipula nuestra decisión de compra. Y te aseguro que al que fabrica rosquillas le importa una mierda tu salud. Lo único que le importa es que compres sus rosquillas.

Las grandes compañías invierten fortunas en estudios de mercado que les llevan a tomar decisiones como cambiar el color del packaging (envoltorio) de su producto porque los de marketing aseguran que con la caja roja va a vender el doble que con la caja blanca.

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Yo, como vendedora de a pie, me he acordado más de una vez de la familia de estos señores que no mueven el culo de su despacho y que basan sus decisiones en estudios y teorías, pero no pisan un supermercado ni para hacer la compra semanal, lo que les hace perder la perspectiva real de la situación. Pero eso daría para otro artículo.

Podría contarte muchas estrategias de la industria alimentaria para que compres sus productos, pero te voy a hablar sólo de dos, que puede que sean las que más te afectan.

Una son los productos que hay en línea de cajas, que suelen ser de la categoría que llaman compra por impulso. Es decir, caprichos que, ante el aburrimiento de las filas de caja para pagar tu compra, acabas echando al carro. Son esas bolsas de patatas chips o chiclés. La misma expresión lo dice: compra por impulso. Es una compra automática y nada reflexiva que, seguramente, no hubieses hecho si ese producto estuviese en cualquier otra parte del supermercado.

También suelen ubicar en este espacio, las cosas para niños con personajes infantiles y colores llamativos y, por supuesto, a la altura de los niños para que los cojan directamente y a los padres nos resulte más difícil decirles que vuelvan a dejarlo donde estaba una vez que ya lo tienen en la mano.

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Una estrategia muy habitual, y aquí es donde he visto cambios, consiste en poner al fondo de los locales los alimentos básicos y de primera necesidad, o los frescos: pan, fruta y verdura, carne y pescado, harina, azúcar, leche, etc. De modo que, para llegar hasta ellos, tengas que pasar necesariamente por la zona de refrescos, bollería industrial, aperitivos de bolsa, alimentos procesados….

Se pueden permitir poner los básicos y frescos en el lugar menos accesible del supermercado porque saben que el consumidor llegará hasta ellos igualmente y, al mismo tiempo, están potenciando la compra de otros productos menos saludables.

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Por no hablar de que, generalmente, el precio de estos productos poco saludables es más bajo que el de alimentos sin procesar y son mucho más fáciles de consumir: Envases individuales, fecha de caducidad larga, no necesitan frío, se toman sin pelar o lavar, no manchan y no necesitan tiempo de preparación y cocinado. Vamos, un chollo para todo, excepto para nuestra salud.

Es obvio que entra dentro de la responsabilidad de cada uno el elegir productos saludables, pero es cierto que la Agencia Española de Seguridad Alimentaria debería hacer algo más contundente al respecto. Si lo piensas, usar el cinturón de seguridad en nuestros vehículos también es un acto de responsabilidad y, sin embargo, hay leyes que regulan su uso y nos multan por no utilizarlo.

Entonces, ¿por qué desde el gobierno no se interviene en este campo? Pues muy sencillo, porque la industria alimentaria mueve cifras astronómicas, al igual que el tabaco o el alcohol. Y los gigantes económicos están blindados.

A pesar de ello, hay intervenciones que podrían hacerse, como en Francia, que desde enero de este año está prohibido el free refill, es decir, el rellenado gratis de bebidas que ofrecen multinacionales como KFC, The Good Burguer, VIP’S, Burguer King, Foster’s Hollywood, o las cafeterías de Ikea. (No sé si sigue vigente, pero todos ellos lo ofrecieron durante un tiempo).

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El otro día, al ir a hacer la compra al super Eroski de mi barrio, me sorprendió gratamente que están poniendo la fruta y verdura nada más entrar al super. Es decir, los productos frescos de la huerta será lo primero que veremos al entrar al local. Y ya ha habido personas que me han dicho que en sus tiendas habituales está así.

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Esto también es marketing, no nos engañemos, porque a este cambio le han sumado una locución por megafonía que nos recuerda lo mucho que se preocupa Eroski por nuestra salud y que ya en 2007 implantó el semáforo nutricional en sus productos. Al final, hay que entender que son empresas, no ONGs. Lo importante es que se vayan implantando acciones como esta, que contribuyan a crear un ambiente y un estilo de vida que propicie los hábitos saludables y luche contra la obesidad.

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Hecho es mejor que perfecto. Y en alimentación, también.

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Este fue uno de los conceptos que más trabajé cuando me recuperaba de mi trastorno por atracón. Siempre intentaba hacer las cosas de un modo perfecto y, cuando me salía lo más mínimo de lo previsto, lo tiraba todo por la borda. Siempre he dicho que nada hace fracasar más dietas que el pensamiento total “Total, como ya me he pasado, sigo comiendo y empiezo de nuevo mañana”. ¿Te suena?

Me llevó mucho trabajo entender que no he de aspirar a la perfección, sino a estar cada vez un poquito mejor, que haya un progreso. Y no estoy hablando de adelgazar, estoy hablando de amor propio, de respetarme y quererme. Y ahí también entra la forma en que me alimento, claro.

autoestima amor propio

Me siento muy lejos del fitness y de la gente que cuenta macros y esas cosas, pero me encantó la frase que le leí una vez a Alberto, de The Macro Wizard “Alguien que cambia la Coca-cola por Coca-cola zero, ya está mejorando sus hábitos”. ¡Toma ya! Que sí, que ya sabemos que lo ideal sería tomar agua, pero vamos paso a paso y, sobre todo, respetando el momento de cada uno, ¿sí? Pedir a una persona que bebe 2 litros de Coca-cola al día que beba sólo agua, de un día para otro, es abocarlo directamente al fracaso.

Recuerdo cuando aún sufría compulsión y alguna vez publiqué que me había tomado una Cola zero para evitar un atracón, cómo tuve que leer alguna respuesta sobre lo malísimos que son los refrescos de cola. Disculpa, ¿has leído que gracias a eso he contenido un atracón? Probablemente, ni sepas qué es eso.

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Cuando hice el Camino de Santiago y os contaba que, a media etapa, tomaba un plátano y una Cola zero, me dejaron un comentario en Youtube “Chica, tienes que dejar la Coca-cola”. Vamos a ver, mi fisio dice que no sabe ni cómo puedo andar con los pies que me quedaron tras las operaciones, me estoy metiendo de tirón una etapa de 27 kilómetros con un desnivel que me deja sin aliento y, además, voy sola. Una Coca-cola no, me puedo tomar un carajillo y un bocata de panceta, si me da la gana.

La gente que sigue mi cuenta de Vivirparacomer en redes sociales, sabe que nunca fue una cuenta de dietas, ni de contar calorías, aunque alguna vez compartí con vosotros mis esfuerzos por bajar de peso. Se creó con la intención de dar a conocer la ingesta emocional de comida y contar mi proceso de recuperación, fui la primera persona en España que reconoció a cara descubierta sufrir este trastorno.

Y el punto número uno para recuperarte es OLVIDARTE DE DIETAS, que lo único que hacen es perpetuar el ciclo restricción-compulsión-culpa. Y no lo digo sólo yo, lo dicen los equipos multidisciplinares de las Unidades de trastornos del comportamiento alimentario, formados por psicólogos, psiquiatras y nutricionistas o endocrinos. Podéis leer sus pautas en este apartado de mi web. Que esto no va de adelgazar, va de salvarse.

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Por eso me sorprendió la respuesta que obtuve esta semana a una de mis publicaciones en Instagram. Vaya por delante que no es nada personal hacia las personas que escribieron, ya que las aprecio y una de ellas se encuentra entre mis mejores amigas. Y me consta que la intención fue inmejorable y la información que aportaron totalmente cierta.

Y hasta cierto punto a mí de da igual, porque tengo muy claro mi criterio y lo que quiero, pero comentarios así pueden confundir mucho a personas que siguen mi cuenta tratando de superar su dependencia de la comida.

Como ya sabéis, no estoy tratando de adelgazar y lo único que me preocupa en este momento es comer alimentos lo menos procesados posible, pero sin fanatismos. Evitar las listas largas de ingredientes, el aceite de palma, el glutamato monosódico y esos códigos indescifrables de conservantes y colorantes.

Pero vaya, lo evito en la medida de lo posible. Si tengo que comer un precocinado, me lo como sin ningún cargo de conciencia. Y tampoco leo la etiqueta de absolutamente todo lo que tomo. Opino que cuando entramos en esas conductas seguimos teniendo un problema, aunque cambie el nombre. La obsesión por la comida sana se llama ortorexia y está reconocida como trastorno de alimentación desde la publicación del DSM-5 en mayo del 2013.

Ingredientes

El otro día fui a Eroski y en la zona de refrigerados vi unos zumos que llamaron mi atención y me sorprendió gratamente que la composición fuese 60% zumo de naranja y 40% puré de zanahoria. Nada más. No los compré porque en mi casa no se consumen zumos, pero, de hacerlo, hubiese sido una excelente opción de compra. A mi juicio, claro.

Así que le hice una foto para compartirlo con mi comunidad y la publiqué con este pie: “Que si me llevan al huerto, dice… Pues la verdad es que con esa composición 100% natural y cero aditivos me lleváis donde queráis!! 😂 Hay más sabores, los he visto en refrigerados de Eroski y cuestan algo más de 2 euros la botella de 750 ml. Son de @lazumeria“.

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Una usuaria me dejó esta respuesta: “Saca de un apuro y su composición mola mucho, pero cuidado con el azúcar libre que hay en todo zumo”, yo le digo que es el azúcar de la fruta y me aclara: “No, a ver. A modo de resumen resumido: El azúcar intrínseca de la fruta cuando te la comes entera tiene una estructura, digamos de cubo, que el organismo trata de equis manera. Esa azúcar no es “mala”, por decirlo de alguna manera.

En cambio cuando bebes un zumo de la fruta que sea, aunque te lo hayas hecho en casa, esa estructura del azúcar se rompe convirtiéndose en azúcar libre, en ” azúcar malo”, en (aunque cueste creerlo) lo mismo que los terrones de azúcar. Generan picos de azúcar en la sangre e impiden adelgazar por eso mismo.

Una cosa es el azúcar intrínseco y otra el azúcar libre (el bueno y malo, respectivamente y resumiendo mucho) Además de que al ser en zumo se eliminan muchas vitaminas y toda la fibra de la fruta, por ello mejor que el zumo, el batido (sin colar, con su pulpa) y mejor que el batido, la fruta entera.”

Otra usuaria añade: “Como te dice . Mucho mejor tomar fruta entera. En los zumos le quitas la fibra y el zumo aunque es es fruta es puro azúcar. Además muy alto en calorías, un vaso de zumo son 2-3 naranjas. Y es difícil comerse 3 naranjas de una sentada, sacian mucho, sin embargo un zumo te lo bebes tranquilamente en unos sorbos y ni siquiera te llenas. En general, elegir alimentos enteros es siempre la mejor opción :)”

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No sé. En mi publicación no decía que fuese bajo en calorías, ni que yo quisiera adelgazar, ni siquiera que hubiese comprado el zumo. Incluso para mí, si trato de tomar menos procesados, es obvio que es mejor la pieza de fruta que el zumo, pero creo que para la cantidad de porquerías que encontramos en un supermercado, está fenomenal. Es decir, no lo presenté como un super alimento, sino como lo más saludable que había visto dentro de los zumos envasados.

Es curioso como jamás hemos tenido tanta información sobre la comida, pero estamos peor alimentados que nunca y con mayor número de enfermedades asociadas y trastornos del comportamiento alimentario. Nuestros abuelos no sabían si el azúcar de la fruta tiene estructura de cubo, pero comían muchísimo más sano que nosotros (cuando comían) y había menor índice de obesidad. Luego, algo no está funcionando.

Para mí, no es cuestión de leerse todos los libros y artículos que se publican sobre dietética y estudiar un máster en nutrición. Para mí, se trata de aplicar el sentido común, desdramatizar, evitar los extremismos, disfrutar de nuestra dieta mediterránea… y, sobre todo, ¡vivir!

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El que cuenta macros, o mira el índice glucémico, el que sigue la dieta paleo o el que es vegano, cree que lo que hace es lo mejor de lo mejor. Y está genial. Pero si hubiese una fórmula perfecta y comprobada, se habría extendido universalmente y hubiese sido adoptada por todos, ¿no crees?

Así pues, creo que no existe la necesidad de evangelizar al resto del mundo acerca de nuestras creencias nutricionales. Hay muchas cuentas en Instagram que respeto profundamente, pero que no las sigo porque no comulgan con mis creencias y no me interesan lo más mínimo.

La información está al alcance de todo el mundo que quiera saber. Creo que es importante respetar el momento y las elecciones de cada persona. Cada cual toma sus propias decisiones y comete los errores que necesita para su aprendizaje. Hecho es mejor que perfecto y todo está bien.

Profesionales especializados cuya filosofía comparto son: el dietista-nutricionista Julio Basulto, autor de libros como “No más dieta”,  el profesor titular de biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia y autor de libros como “Comer sin miedo”, J.M. Mulet, o mi paisano, el nutricionista Juan Revenga, que ha publicado libros como “Adelgázame, miénteme”. Un trío de ases que escriben una oda al sentido común y práctico y que se enfrentan continuamente a la mafia de la industria alimentaria. ¡Gracias!

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Reivindico el piropo

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Nos estamos volviendo unos rancios y encorsetados de narices. Ya no se puede contar un chiste o compartir un meme en Facebook sin ofender a la mitad de la población. Como bromees con gordos, calvos, gays, inmigrantes, políticos, hombres, mujeres y viceversa, vas fino. Pero fino filipino. Y aquí me incluyo, porque hay que saber donde está la fina línea que separa el humor inteligente del mal gusto.

Vivirparacomer es una comunidad de más de 15.000 personas en las que la mayoría tienen problemas de peso. Y, como le respondía el otro día a Anabel en Facebook, “A algunas mujeres con muchos seguidores les regalan cremas y ropa. A mí no me mandan nada, pero cuando quiero decir algo lo escribo y me quedo más ancha que pancha” 😉 Así que, comentarios hirientes y de mal gusto no paso ni uno, pero tenemos que aprender a desdramatizar, dejar de percibir cualquier comentario como una agresión y reírnos un poco más.

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El otro día hablaba con un amigo que entrena mucho en el gimnasio y controla lo que come, me decía que eso le hace sentir bien consigo mismo, independientemente de la opinión de los demás. ¡Bien por él!

“Al final -le dije- estamos en un punto muy parecido, sólo que tú cuidas más tu exterior y yo mi interior. Tú aspiras a ser como Schwarzenegger y yo como el Maestro Yoda. De momento, el cuerpo ya lo tengo”. Los dos reímos.

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Te cuento todo esto porque con los piropos pasa lo mismo. Y hoy vengo a reivindicar el piropo elegante, aún a sabiendas de que me puede caer la del pulpo. He visto respuestas absolutamente desmedidas en redes sociales ante piropos o comentarios que a mí me hubiese gustado recibir y no por ello me sentiría denigrada, ni como mujer, ni como persona. Tengo varios amigos que aseguran que ahora no se puede decir nada a una mujer sin que te acusen de machismo o acoso.

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Vale, igual yo también soy una acosadora, pero si un tío está bueno se lo digo. Hasta la fecha ninguno se ha ofendido ni molestado, que yo sepa. “¡Qué bocado le metería a ese culo!”, “Estás muy follable”, “Te empiezo a comer y no dejo ni los mocos”, “Cambia esa foto de perfil, que me pongo nerviosa cada vez que me entra un whatsapp tuyo” son algunas de las frases que digo.

Y te aseguro que no soy una vieja verde, ni una babosa que va pensando en tener sexo con todos los tíos que se cruza por la calle. Obviamente, estos comentarios están dentro de la confianza de personas que conozco y no los voy gritando por la calle a desconocidos. Creo que es lo que marca la diferencia.

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Supongo que todo depende de tu propia percepción de estos comentarios. A mí me gusta tanto recibir un “Tienes unos ojos preciosos” como “Vaya polvazo tienes, morena”. Y se me escapa la risa cada vez que paso por delante del bar que hay junto a mi casa y Mario me grita “Ahí va la mujer más guapa del barrio”, delante de los tres o cuatro hombres que suelen estar fumando en la puerta.

Simplemente, me gusta destacar las cualidades de las personas. Hay personas que destacan por otras razones y también las piropeo. El otro día, cuando fui al médico, entré al ascensor con una pareja de ancianos. Me quedé embobada mirando a la señora.

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Tendría cerca de 80 años, una melena francesa, completamente blanca y ligeramente ondulada, se veía cuidada. Llevaba un labial rojo que contrastaba muchísimo con su piel blanca y llena de arrugas. Vestía un conjunto azul marino y blanco, perfectamente combinado.

Me deshizo de ternura y admiración verla tan cuidada a su edad. No dejaba de mirarla y, finalmente, exclamé “¡Vaya mujer guapa!”. Ella bajó la vista y dijo “Uy madre, guapa…” Le respondí que me parecía maravilloso que se mantuviese así de bonita. Su marido me miró, la miró, y me dijo “¿Cómo no va a estar guapa si tiene 17 años?” Me fundí en un charquito.

¿Por qué un piropo de mujer a mujer es un halago, y si es de hombre a mujer es acoso? En el grupo de singles en el que participo no es raro leer comentarios entre mujeres en los que nos decimos “Si fuese hombre, te echaría la caña”. Y es que hay mujeres en ese grupo que me parecen fascinantes ¿por qué no se lo voy a decir?

Creo que todos tenemos el suficiente criterio para saber cuando un comentario no procede y es de mal gusto. Y opino que la vida sería mejor si todos criticásemos menos y fuésemos más amables con los demás. Así que hoy, desde aquí, reivindico mi derecho al piropo, a decirlo y a recibirlo. Me voy a hacer una chapa para llevar en la camiseta, que diga “Se admiten piropos”, o algo así.

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Buscando vídeos para acompañar a este artículo, he visto algunos que decían “Frases bonitas para enamorar a una mujer (evita llamarlos piropos)” y me da mucha pena que esta palabra haya adquirido esa connotación negativa por el mal uso que se ha hecho de ella, cuando la RAE la describe como Dicho breve con el que se pondera alguna cualidad de alguien, especialmente la belleza de una mujer. 

No seré yo quien defienda el machismo o la grosería. Situaciones como las del siguiente vídeo son totalmente inadmisibles:

Pero, definitivamente, prefiero quedarme con el sentido del humor, como en este:

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Vale, estoy gorda. Y ahora, déjame vivir.

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Gracias. De verdad, gracias a la gente que se preocupa por la salud de todos los gordos del mundo, entre los que me incluyo. Pero ocupaos de la vuestra.

La gordofobia está llegando a límites insospechados y todo el mundo se cree con el derecho a juzgar, criticar, burlarse y darnos pautas a seguir a las personas que tenemos kilos de más.  Lo más probable es que no hayan hecho una dieta en su vida, pero todos tienen la receta mágica para que nosotros bajemos de peso.

A mí, no. Por la razón que sea, nunca en mi adultez he recibido críticas o comentarios hirientes sobre mi peso. Hay gente que me dice que impongo, puede ser, aunque si eres seguidor habitual de mis redes sociales debes de estar revolcándote de la risa. Yo me veo como una persona cercana y confiable, pero es cierto que mando a hacer puñetas en el mismo tiempo que un Ferrari pasa de 0 a 100. Tonterías las justas, y menos con este tema.

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Hace unos días subí esta foto con un pie que decía “Un día voy a sacar la mano de matar tontos y me voy a quedar sola. ¡¡Qué mañanita!!”

El motivo era porque, en un grupo de Facebook, salió el tema de los gordos. Después de un rato defendiendo mi postura, una mujer dice “Hombre, si a una persona muy cercana a mí le sobrasen 5 o 6 kilos yo no la criticaría, pero es que es por su salud

Y aquí viene cuando se me pone la carótida como una anaconda. Mira, bonita mía, tú no eres quién para criticar a nadie, ni que le sobren 5 kilos, ni que le sobren 50, punto primero.

Punto segundo, ahora parece que el mundo entero se preocupa por la salud de los gordos, pero alguien nombra la palabra peta, y seguido escucho varios ¡que rule!, así como veo personas que beben alcohol sin medida cada fin de semana, algunos que siguen fumando una cajetilla diaria, otros que conducen con copas de más, mujeres que no se han hecho una revisión ginecológica en su vida, otros que no van al dentista desde que les quitaron la ortodoncia en la adolescencia, algunos están enganchados a relaciones tóxicas, o compran o juegan de forma compulsiva… Pero, ¿alguien se mete con ellos? ¡No! Y ¿por qué no? Porque ellos está delgados, que a veces parece que es lo único por lo que te valora esta sociedad. Puedes ser la caña de España, pero como estés gorda, ¡ay, bonita!

PhotoGrid_1496992029521Por supuesto que la obesidad trae enfermedades aparejadas, al igual que todo lo que he citado antes. Pero, ¿se puede comparar la salud de unos con la de otros? ¿cómo lo medimos? Porque a mí me sobran muchos kilos pero me juego mis analíticas con las de cualquiera. Nunca me ha salido un asterisco en unos resultados, bueno sí, en el colesterol bueno, que anda que no les fastidia a los médicos. Porque te duela la cabeza, tengas psoriasis o una fractura de cúbito, les encanta decirte que “deberías bajar de peso”.

En fin, que estar gordo no es bueno, ya lo sabemos, pero dejadnos vivir ¿vale? En serio, que os agobiáis más de la cuenta porque creéis que los gordos nos pasamos el día tirados en el sofá viendo la tele con un triángulo de pizza de pepperoni en la mano. Y, posiblemente, tengamos hábitos más saludables que los vuestros.

El otro día me llama un conocido por teléfono cuando estaba en mi caminata de las mañanas. Le digo que no sé si podré hablar mucho rato porque mi ritmo es andar todo lo rápido que puedo sin llegar a correr. Y aliento para hablar no me sobra, la verdad. Me responde “Ah, veo que estás trabajando la bajada de peso”. ¿Perdona?

what gifHace 7 años que las caminatas diarias de un mínimo de 5 kilómetros forman parte de mi rutina habitual y la he abandonado en muy pocas ocasiones. Por no hablar de que me alimento muchísimo mejor que tú.

Para mí, es infinitamente más importante tener buenos hábitos: comer sano, tener actividad física, cuidar el descanso y vivir sin estrés. Y, si comemos sano, ¿cómo es que estamos gordos? Como respondió una vez una seguidora a una de mis publicaciones: “No es lo mismo comer sano, que comer sano para bajar de peso”.

Seguramente, si tenemos exceso de peso, ya estamos haciendo algo para solucionarlo. O no. En todo caso, no es asunto tuyo. Así que deja de meterte en mi vida, o voy a  acabar pensando que la tuya es demasiado aburrida.

Te ayudo a cambiar tu alimentación y mejorar tu vida en hola@yolandacambra.com

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Donar sangre es regalar vida.

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El vídeo de mi donación de sangre

Donar sangre me parece una de las formas más efectivas de ayudar sin esfuerzo. La sangre es una de las pocas sustancias que el hombre no puede reproducir de forma artificial, así que, la única forma de obtenerla para otras personas que la necesitan, es mediante la donación. Por otra parte, la sangre caduca, así que es imprescindible renovar continuamente el banco con nuevas aportaciones.

Trasplantados hepáticos y de médula, pacientes oncológicos, grandes quemados, pacientes con anemia, sea por un déficit del organismo o por traumatismo como pueden ser los accidentes de tráfico, así como las intervenciones quirúrgicas son los grandes grupos de receptores de nuestras donaciones.

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Cuando subo mi foto a redes sociales explicando que he ido a donar sangre, muchos me decís que también sois donantes. ¡Fenomenal, somos un montón, muchísimas gracias! Pero sigue siendo necesaria la difusión porque hay muchas personas que aún no donan, bien por miedo a las agujas, porque están en el grupo de exclusión que podemos ver aquí, o simplemente por el desconocimiento de que es un proceso rápido e indoloro.

La sangre: 1/13 de nuestro peso

Por el organismo de una persona de unos 65 kilos de peso circulan, aproximadamente, unos 5 litros de sangre, que se renuevan completamente cada 120 días, seas donante o no. En cada donación se nos extraen 450 cc de sangre que se regeneran, gracias a la médula ósea, en el plazo de una semana.

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El proceso de donar sangre

Todo el proceso no lleva más de media hora y podéis verlo íntegro en el vídeo de abajo. Se comienza rellenando la encuesta, donde te preguntan información como si has viajado a países de riesgo recientemente, si tomas alguna medicación, si te has hecho piercings o tatuajes en los últimos meses, si padeces alguna enfermedad o te has sentido mal después de donar anteriormente…

Más tarde y en privado, una enfermera repasa contigo la información más importante del cuestionario, comprueba tu estado midiendo tu presión presión sanguínea y realizando una analítica de sangre instantánea con un pinchacito en el dedo. Te pregunta el peso y si has comido y bebido en las últimas horas, ya que no se puede donar sangre en ayunas o si ha transcurrido mucho tiempo desde la última ingesta.

Seguidamente, pasas a la sala común de extracciones donde una enfermera te pincha en el brazo y comienza la hemodonación propiamente dicha, siendo recogida la sangre en unos aparatos que la mantienen en continuo movimiento para evitar la coagulación. Al su vez, toman unas muestras de la misma para analizarlas. Si en ese análisis encuentran algo anormal, se pondrán en contacto con el donante para advertirle. Este momento de la donación no dura más de diez minutos. Durante ese tiempo nos ofrecen tomar zumo.

Sólo queda esperar un ratito sentado, presionando en el punto de extracción para evitar que nos salga un hematoma, y al mismo tiempo nos vamos asegurando de sentirnos en perfectas condiciones de ponernos de pie.

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El personal del Banco de Sangre te da unas fichas que sirven para sacar un alimento sólido y dos líquidos de las máquinas de vending que hay en la sala de recuperación. Algunas veces, nos dan un detalle como muestra de agradecimiento, que puede ser un boli, una libretita, un llavero o, como esta vez, un buff para el cuello.

Desde que entras hasta que te vas, todo el personal está pendiente de ti, te preguntan varias veces si te encuentras bien, te van explicando el proceso para que sepas lo que van a hacerte y son muy cercanos y cariñosos.

¿Quién puede donar sangre?

A grandes rasgos, para poder donar sangre hay que tener entre 18 y 65 años y pesar más de 50 kilos. Puedes leer aquí las respuestas a las dudas más frecuentes. Los hombres pueden donar sangre 4 veces al año y las mujeres 3, al bajar nuestros niveles de hierro en sangre a causa de la menstruación.

Me ha sorprendido la estadística de donantes en Aragón del año 2016, casi idéntica al año anterior, que revela que sólo el 36’4% del total de donaciones fueron realizadas por mujeres. Aún teniendo en cuenta nuestra frecuencia de donación menor, me parece un porcentaje bajo.

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Ganamos todos

Desde la Hermandad de Donantes de Sangre buscan colaboraciones con empresas para que los donantes nos beneficiemos de descuentos o promociones exclusivas en productos o servicios. Yo recibo periódicamente un email con los eventos que habrá próximamente en mi ciudad y a los que tengo descuento como donante y me suelo beneficiar de ello al comprar mis entradas.

¿Dónde donar sangre?

Si quieres donar sangre en Aragón puedes acercarte a los  Hospitales Miguel Servet, Clínico Lozano Blesa, San Jorge u Obispo Polanco, cada uno en sus respectivos horarios, o en el  Banco de Sangre y Tejidos de Aragón está a tu disposición de lunes a viernes de 8:00 a 21:00 horas y el sábado de 8:30 a 14 horas.

Periódicamente se desplazan unidades móviles de hemodonación del BSTA a barrios, localidades o centros de trabajo. Puedes consultar el calendario en su página de Facebook o en la web de Donantes de Sangre de Aragón.

¿Por qué este vídeo?

Sabéis que siempre os digo que las personas que tenemos muchos seguidores en redes sociales, deberíamos asumir la responsabilidad de hacer algo con ello y aprovechar nuestro alcance para sensibilizar en necesidades sociales.

Tenía pendiente mi donación y aproveché a pedir permiso para grabar el proceso en vídeo y podéroslo mostrar. Sinceramente, esperaba una negativa por temas de privacidad, etc. Me sorprendió una respuesta amigable y cercana poniendo a todo el equipo a mi disposición para cuanto necesitase. Fue una mañana divertida y emocionante. Quiero dar las gracias a La Hermandad de Donantes de Sangre, al equipo del Banco se Sangre y Tejidos de Aragón y, muy especialmente, al Dr. D. José Mª Domingo Morera (Hematólogo y Responsable del Área de Promoción y Donación del Banco de Sangre y Tejidos de Aragón) por su infinita paciencia conmigo y por vencer su resistencia a la cámara. 😉

Tutorial de maquillaje en Goya Corporal

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Una amiga me avisó de un concurso que hacía Goya Corporal en Instagram, en el que sorteaban un tutorial de maquillaje para aprender a maquillarte tú misma, según los rasgos y facciones de tu cara. La verdad es que no suelo participar en estas promociones, pero ya sabéis que el maquillaje no es lo mío y hacía tiempo que quería aprender a sacarme partido.

Tuve la suerte de ser unas afortunadas y pedí permiso para grabar el tutorial, ya que algunas de vosotras me pedisteis que compartiese luego trucos e imágenes.

Obviamente, no ha quedado como los tutoriales de maquillaje de las youtubers famosas, pero fue un rato muy chulo y he querido compartirlo con la naturalidad que lo hago siempre. Además, siempre había querido hacer eso de mostrar a cámara los productos o pinceles poniendo la mano detrás 😉

Os lo explico por escrito, pero lo vais a ver mucho mejor en el vídeo más abajo.

El algodón no engaña

Fui sin maquillar para llegar ready to use. La primera en la frente, me preguntan si llevo la piel limpia y yo digo que sí, que vengo del gimnasio y me acabo de duchar. Pues no, hay que pasarse un algodón con tónico que, por muy limpia que vayas, es como el algodón de Mr. Proper.

Me ponen en la piel de cara y cuello la prebase, el corrector de ojeras y luego la base con una brocha grande. Yo de esto no uso nada, pero hay que reconocer que te deja la piel unificada y perfecta.

Me ofrecen maquillarme entera o sólo un ojo para que pueda maquillarme yo luego el otro. Prefiero la segunda opción porque practicando se aprende más que mirando. Me decido por un ahumado, que los veo puestos y me encantan,  creo que con el azul claro de mis ojos puede quedar bonito.

La preparación

Prebase, también en el párpado, y una sombra muy natural en toda la zona desde las pestañas hasta las cejas. Con sombra oscura y un pincel biselado, trazar una línea desde el rabillo del ojo hacia el final de la ceja. Hay que detenerse cuando llegas al hueso de la cuenca y girar en un movimiento semicircular, hacia el lagrimal, de forma que dibujamos como una uve.

Con la misma sombra y con un pincel plano y acabado redondo, rellenar y difuminar el párpado móvil y la banana. Aquí hay que ser generosa con la sombra porque yo tengo el párpado caído y si no, con el ojo abierto, la sombra queda totalmente oculta y pierde el efecto de profundidad.

La forma de rellenar es con toques de pincel, como si quisiéramos que la sombra penetrase en la piel, no arrastrando como si estuviésemos pintando el hojaldre con huevo batido antes de hornear.

Hay que dar un toque de luz a la mirada dibujando una pequeña uve en el lagrimal con sombra muy clara.

La cosa se complica

Ahora viene el eyeliner ¡Ay, madre! lo bonito que queda y lo difícil que me resulta de poner sin acabar pareciendo a Carmen de Mairena. Importante trazar sin miedo siguiendo el borde que nos marca la sombra. Dejar secar y retocar si es preciso.

En la línea de agua, ese bordecito que tenemos sobre las pestañas inferiores, puedes poner lápiz blanco para avivar la mirada, o negro, que cierra más el ojo pero también da profundidad a la mirada.

A raíz de esto me animé a hacer un cambio en mi maquillaje diario, ya que esa raya no me la pintaba negra desde los dieciséis años y, la verdad es que, me gustó tanto esa mirada felina que me sacó, que ahora me la trazo en negro cada día.

El rimmel de toda la vida

Para rematar, la máscara de pestañas. La primera capa empezar desde la raíz y estirar bien hacia arriba, insistiendo también en las puntas para darles densidad. Acabar con un movimiento de zigzag de abajo arriba, para que queden consistentes.

Cuando sequen bien, se puede repetir. Tanto a la profesional que me maquilló como a mí, no nos gusta maquillar las pestañas inferiores, así que las dejamos al natural.

Los polvos del final

Luego, los polvos compactos, aplicados con esa borla que tan hollywoodiense me parece siempre. Su finalidad es fijar y que el maquillaje no se cuartee con el paso de las horas. Y lo cool que queda el aplicarlos, claro, que una se siente Grace Kelly entre esa nube de polvos perfumados.

El remate final es el colorete, destacando en mi caso la nariz con luz, al ser pequeña, y trabajando más el juego de sombras en los pómulos, que los tengo más gorditos. Una vez más, dibujamos una uve.

Se masca la tragedia

Finalizado esto, pasamos al momento en que soy yo quien cojo los pinceles. Y ya ni Carmen de Mairena, Ni Grace Kelly; paso a ser Lina Morgan. Pero eso tendréis que verlo en el vídeo porque es imposible explicarlo con palabras y, además, me da la risa.

Espero que os guste, ya me lo diréis en los comentarios del vídeo.

Anorexia: Un caso de éxito

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Libertad me mandó su historia para que la comparta con vosotros. Me limito a copiar y pegar. Antes de dejaros su testimonio, quiero felicitarla por el coraje de lograrlo y por la generosidad y valentía de compartirlo con nosotros.

Siempre he sido una niña alegre y responsable, cumplidora y constante con los estudios, perfeccionista, autoexigente, ordenada, y un largo etcétera que ya podéis imaginaros y que caracterizan a la enfermedad.

Crecí con el miedo a defraudar a los demás, a mis padres sobre todo, y lo hacía sacando buenas notas en el colegio y cumpliendo siempre las normas a rajatabla que se imponían en mi casa (horarios de llegadas…). Además, siempre se me estaba comparando con mi hermana, 4 años más joven que yo, y muy distinta a mi: rebelde y despreocupada de lo que pudieran pensar los demás.

Así crecimos, con caracteres totalmente opuestos, pero yo sentía que de mi se esperaba más, que no podía fallar porque era la hija perfecta y de mi no se podían esperar más que éxitos y buenos actos.

Todo empezó al querer bajar unos kilos de peso porque no me cabía la ropa para un evento que tenía, en 2006, y acudí a un centro del estilo Naturhouse, donde no hicieron más que ir obsesionándome poco a poco. Mi falta de autoestima unida a que al bajar de peso recibía halagos fomentó en mí la creencia de que tenía por fin el control de algo en mi vida, el peso, me sentía poderosa controlando la alimentación, ejercicio, pesándome a todas horas, etc. Y cada día fue a más.

ruler-1899028_1920Pasé de una mala alimentación (fritos, bollería, pizzas…), a unos hábitos aún peores (restricciones, ayunos…). Un año y medio más tarde, en mi casa empezaron a percatarse, ya había perdido todo lo que me sobraba de peso y mi comportamiento era extraño. Al estar estudiando en fuera, hizo que tardaran más en percatarse. Los engañaba como podía. Mi concentración ya fallaba, tenía mucha ansiedad, insomnio, etc., y mis padres me llevaron a un psicólogo que me diagnosticó anorexia nerviosa. Unos meses más tarde, ingresé por infrapeso en un centro hospitalario. Allí vi de todo, y recalco que lo importante es el reconocer la enfermedad, ahí a mí aún me quedaba mucho camino. No era consciente de la gravedad de mi problema, y cuando salí poco a poco, aunque estuve siempre tratada con especialistas, fui dando tumbos y haciendo de las mías a escondidas.

Pasé por varios ingresos, he estado en ITA, uno de los centros mejor valorados a nivel europeo, que personalmente no me sirvió de mucho porque no estaba predispuesta  a curarme. Yo sólo quería salir de aquella cárcel, así que manipulé a los médicos para hacer creer que estaba mejor y cuando pude me escapé.

Volví a lo mismo, no era mejor mi vida en mi casa, con mis padres preocupados y con discusiones constantes, pero yo sólo quería ser libre y no tener normas con la alimentación.

A ello se sumó una relación sentimental que tuve de dos años con una persona que me maltrató psicológicamente, me apoyé en él y me parecía bien todo lo que  hacía conmigo, y así fue como empeoró aún más si cabe mi autoestima, hasta que acabamos muy mal.

Luché por no volver a otro ingreso, y estuve a punto de ello, no tenía vida propia. En ese tiempo una gran amiga estuvo siempre a mi lado y gracias a ella superé muchos momentos de bajón. Casualidades de la vida, en mis peores momentos, conocí al que ahora es mi pareja, quien me apoyó en todo momento, y me vine a su casa a los pocos meses; también conocí a una psicóloga que se involucró muchísimo en mi caso y poco a poco, aunque me costó, fui viendo pequeños avances.

El camino no ha sido de rosas, me he planteado muchas cosas durante la enfermedad, no sabía si de esto se puede llegar a salir, si de verdad algún día vería la comida sin ansiedad, si podría hacer una vida normal ….

A día de hoy, puedo contaros cómo resolví mi caso:

weight-loss-494284_1920-Sigo llevando medicación psiquiátrica, aunque mi evolución es positiva, la van bajando poco a poco por evitar recaídas.

-No hay ninguna fórmula mágica, yo personalmente no creo en “un día me levanté y decidí comer de nuevo normal”. Es una enfermedad en la que la comida es sólo la punta del iceberg y hay que trabajar sobre las causas que nos han llevado a ella.

– Recomiendo un apoyo psicológico y nutricional, alguien en quien confíes, yo siempre, como ya he dicho, he sido de las cabezotas, de las anti-normas, pero hemos de seguir unas pautas básicas para la curación. No podemos curarnos con condiciones, si te pasa por la cabeza “quiero curarme pero pesando X kg”, eso ya no es curarse.

– La família y allegados deben estar al tanto de nuestra situación, sin presiones en eventos familiares, comentarios inapropiados, ….facilitarán nuestra mejoría. Tener su apoyo es fundamental.

– Personalmente, me ha ayudado mucho ponerme pequeños retos, escribirlos, ver que soy capaz de hacer cosas que antes ni imaginaba. Ahora no cancelo las cosas por que he tenido un atracón, y eso son avances muy importantes que se deben ir anotando. Ahora puedo cocinar sin ansiedad y comer sola, antes no podía.

– Recomiendo el deporte sólo cuando se hace controlado y como disfrute, yo jamás pensé que lo conseguiría, y a día de hoy salgo a correr, me relaciono con más gente y es algo que no hago contando calorías.

Mi conclusión personal es que de esto se sale, aunque es una enfermedad que siempre hemos de estar alerta, no hemos de tenerla olvidada, en mis días malos, me avisa que está ahí, he tenido algunos tropiezos, no voy a decir que estoy al 100%, pero lo importante es que no me he quedado acariciando la piedra, sino que me he levantado y he seguido hacia adelante.  Eso sí, he tardado casi 8 años en decidir levantarme, quizás es de lo que me arrepiento, por ello a las que están pasando por un tca, les diría que no dejen pasar más tiempo, aunque parezca difícil, que lo es, yo he sido de las pacientes más rebeldes y lo estoy consiguiendo. Ya no dejo que el trastorno me venza si tengo un resbalón, y eso es lo que marca la diferencia.

Nunca hemos de darnos por vencid@s porque cada día es una nueva oportunidad.

Coaching con Caperucita

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Que mi vida sentimental no es una de las áreas fuertes de mi vida es sabido por la mayoría de mis seguidores. Pasé de no saber estar sola, lo que no me ayudaba precisamente a elegir bien mis parejas, a saber estarlo, lo que sigue sin facilitar la labor, puesto que, o bien llega alguien a sumarme mucho, o mejor que no venga.

El otro día fui al cine a ver a Scarlett Johansson en Ghost in Shell y, a la salida, entré a La Casa del Libro con un buen número de fotos en mi móvil de títulos que me interesaban, todos relacionados con temas de desarrollo personal y aplicables a mi trabajo. Allí, en la tienda, entre el bloque de PNL y el de Mindfulness, había un único ejemplar titulado “De Caperucita a loba en sólo seis tíos“. Pensé que alguien lo había cogido de su estante para echarle un vistazo y luego lo habían dejado en un sitio que no era el suyo. Miré la portada y lo dejé donde estaba como si fuese radiactivo. Y es que a mí, casi todos los productos dirigidos específicamente a mujeres me suelen chirriar bastante. Como el Mujer de Hoy, que se desglosa en Moda, Belleza, Estilo, Amor, Sexo, Salud y Horóscopo. De las siete categorías me sobran cinco y una de las dos que quedan es común a los hombres. Como diría mi hija, un truño. El otro día me enteré de que hay porno para mujeres y, cuando lograron convencerme de que era verdad, me salieron unas petequias en el cuello que aún no me han desaparecido. No en vano, en el test del libro “Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas” me salió que tengo un cerebro con un 70% de predominio masculino.

mi-portada-195x300El caso es que, de al menos cinco títulos que llevaba en el móvil, sólo encontré uno. Y esto es como para algunas de mis amigas salir de rebajas y volver sólo con una camiseta a casa. Ya sabéis que yo creo que todo pasa por algo, entonces, ¿qué hacía ahí ese libro que, cada vez que repasaba los títulos de la estantería con la cabeza ladeada buscando algo interesante, volvía a pasar ante mis ojos?

Leí en la contraportada que la autora, Marta González de Vega, había coordinado y escrito cientos de monólogos en el Club de la Comedia y, definitivamente, por los 6 euros que cuesta el libro, la pérdida no sería grande en caso de resultar ser un Mujerdehoy. Así que me lo llevé junto a otro de Laura Gutman. Fusión, creo que lo llaman ahora.

Lo empecé esa misma noche y lo acabé a la mañana siguiente. No llevaría ni diez páginas cuando sentí la necesidad de subir a Facebook e Instagram la foto de unos párrafos del libro. Iba pasando capítulos y, entre risa y risa, pensaba: “¡Qué cabrona! No sólo me está retratando a mí, sino a los perfiles de tíos con los que he salido”. En muchas ocasiones me acordé de los mensajes que me mandáis al leer mi libro, diciendo “Yolanda, me he sentido taaann identificada leyéndote”. Vale, ahora sé lo que se siente.

17546653_959954520806448_6802500085131199357_oMis amigas llevan años pidiéndome que escriba un libro sobre mis patéticos romances. Yo siempre respondo que, el día que entienda cómo funcionan los hombres, prometo escribir un manual de uso. Pero no voy a hacerlo, porque ya lo ha hecho Marta, y de un modo inmejorable. Y, además, como dice en su dedicatoria, como cuando tocábamos chufa de pequeñas “por ti, por mí y por todas mis compañeras”. Porque, quien más y quien menos, si no es una Bridget Jones como yo, lo fue en algún momento de su vida o tiene amigas que lo son.

Pero, lo mejor de todo no es esto que te he contado. Lo mejor es que el libro estaba perfectamente ubicado en la estantería. Verás, cuando yo hice mi máster en Coaching, Inteligencia Emocional y PNL, a veces me quedaba sorprendida porque, sin conocer esas herramientas, yo ya las había aplicado de forma inconsciente en mi proceso para recuperarme de mi desorden alimentario. No sé si Marta González tiene formación en este campo pero, aparte de crearte la necesidad de comprar un par de libros de Punset, pone incontables ejemplos de toma de conciencia, distorsiones cognitivas, metamodelo del lenguaje, pensamientos automáticos, resistencia al cambio, programación neurolingüística, cambio de creencias, pensamientos adaptativos o inteligencia emocional. Consciente o inconscientemente, y siempre en clave de humor, te hace tomar conciencia de la realidad, no de tu película mental . Y aquí me hizo mucha gracia ver que hasta compartimos el ejemplo de Escarlata O’Hara, pero la mía sin nabo, e ¡incluso establece un plan de acción final basado en preguntas al lector! Vamos, coaching con humor que, dicho sea de paso, también es una de mis mejores herramientas.

Un placer leerte, Marta. Gracias.