Opinar es gratis. Hacer daño, también.

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Hoy se me ha vuelto a revolver el estómago al leer un artículo que explica cómo los haters (personas que dejan comentarios llenos de odio en redes sociales) se han cebado con Callie Thorpe, una de las influencers más representativas del movimiento #bodypositive, con más de 143.000 seguidores tan sólo en Instagram.

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Este movimiento comenzó en 1997 y consiste, básicamente, en librar a las personas del odio hacia sí mismas, ayudarles a valorar su belleza e identidad, y animarles a usar su energía e intelecto para hacer cambios positivos en sí mismas y en sus comunidades. Puedes saber más sobre el movimiento en www.thebodypositive.org

Ah, ¿que tú también creías que el #bodypositive es una moda de las redes sociales para hacer apología de la obesidad? Pues mira, va a ser que no. Aunque no te negaré que, como en todo movimiento, hay quien está haciendo mal uso de él.

bodypositive

Callie Thorpe fue invitada a posar en un especial bikinis de Vogue Reino Unido. La revista mezcló, con un gusto exquisito, modelos de todas las tallas, haciendo una firme apuesta por el auténtico movimiento body positive. En ese reportaje lucen prendas de baño mujeres que usan talla grande, como Callie, Paloma Elsesser o Ashley Graham, y también modelos de figura muy delgada e, incluso, aniñada, como Bella Hadid, Grace Elizabeth o Emily Ratajkowski. Es decir, una muestra muy representativa de la vida real, ¿o es que en la playa sólo vemos modelos de pasarela?

Callie Thorpe

El problema viene cuando Callie, orgullosa de su trabajo para Vogue, comparte su foto en Instagram y recibe cientos de insultos, mezclados con los piropos de sus seguidores. Días más tarde, se publica un artículo sobre ella que llegó a acumular 900 comentarios ofensivos, llenos de insultos y críticas.

Callie terminó por subir un vídeo a su canal de Youtube hace tres días, en el que explica, durante 20 minutos, cómo la hicieron sentir. En un momento de la grabación, rompe a llorar. También pide a los suscriptores que denuncien esos comentarios con insultos como ofensivos. Y estoy de acuerdo con ella: mantener la red limpia es responsabilidad de todos.

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Los comentarios haters a chicas que no están delgadas son muy habituales.

Los trolls han existido desde los inicios de internet, y son, básicamente, personas que se registran en foros bajo un usuario falso, con el único propósito de molestar, insultar y provocar enfrentamientos. Vamos, los típicos camorristas de toda la vida, en versión digital. Lo peor que le puedes hacer a un troll es ignorarlo.

Como las redes sociales han canibalizado a los foros y chats, estos personajes también han evolucionado y ahora se les llama haters. Como su nombre indica, son odiadores y su única finalidad es insultar y cargar con la máxima crueldad con las personas que ponen en su punto de mira. Son tan abundantes que, en el mundillo de los influencers, se dice que no eres nadie si no tienes un hater. Es decir, se da por supuesto que si tienes muchos seguidores, seguro que hay algún hater entre ellos.

El problema es que los camorristas de antes, al menos, eran valientes, porque te echaban su mierda pero se arriesgaban a salir con la nariz partida y moqueando sangre. La diferencia es que ahora se amparan en el anonimato de una dirección I.P. o un usuario falso. Y, lo que es peor todavía, es que son tan numerosos que nos hemos acostumbrado a leerlos y hemos dejado de reaccionar ante ellos.

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Cuando veo estas cosas me recuerdan a “Ritmo 0”, la performance que Marina Abramovic realizó en 1974, en la que se comprometió a estar durante 6 horas inmóvil, a merced del público, a disposición del cual puso una mesa con muchos objetos. Le hiciesen lo que le hiciesen, ella no se movería, fingiendo ser un objeto. Personas del público besaron su cara, le hicieron cosquillas con plumas, la mojaron con agua… Tres horas después, un hombre le hizo un ligero corte en el cuello con un cuchillo para beber su sangre y este hecho desencadenó una respuesta violenta en gran parte de los espectadores: La zarandearon, la abrieron de piernas hiriéndola con un cuchillo, cortaron con tijeras su ropa, la arañaron con las espinas de las rosas… hasta que el espectáculo tuvo que ser suspendido porque se sorteó entre los asistentes una pistola cargada con balas, con la que se llegó a apuntar a la reina de la performance.

marina

Creo en la bondad natural de las personas, pero no hay luz sin sombra, y sucesos como estos sacan lo peor de nosotros. El anonimato y que otras personas empiecen antes, nos da pie para seguir maltratando a otra persona, sea física o verbalmente. Las redes sociales son el marco perfecto para destrozarle la vida a alguien desde la impunidad de nuestro hogar, tecleando en nuestro móvil desde el sofá, mientras tomamos un refresco y le decimos a nuestra pareja ¿Dónde vamos a cenar este fin de semana, cariño?

El problema es que mucha gente lo ve normal… ¡normal! Y esto sí que me asusta, mucho. Sólo hay que leer los comentarios, que son los mismos que yo misma he tenido que leer en mis redes sociales en más de una ocasión: “Si te expones, ya sabes a lo que te arriesgas” o “Si no quieres insultos, no cuentes tu vida”. Eh, eh, eh… ¡para! Que esto no es Sálvame, ni yo cobro por permitir que me insulten. La mayoría de las personas que publicamos en redes sociales, no sólo no obtenemos beneficios, sino que nos cuesta dinero el dominio del blog, por ejemplo, o invertir en una buena cámara.

Resulta curioso como la inmensa mayoría de personas, por suerte, valora el trabajo que haces exponiendo tu vida y entiende que lo haces por ayudar a otras personas y no por ego. Mientras que otras se refugian en el “ya sabes a lo que te arriesgas” para echarte encima todo el dolor de su frustrante vida.

Taurinos, gordos, flacos, homosexuales, padres que optan por la maternidad subrogada, madres que educan de distinto modo que tú… cualquier colectivo vale para cebarse con ellos, siempre que tú no estés en él, ¡claro! Posiblemente estés pensando que tú no eres un hater, vale, pero pregúntate si piensas, antes de enviar un comentario, en el impacto emocional que le va a suponer a la persona que lo reciba. Piensa si te gustaría leer algo así sobre ti mismo.

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Ya en 1995 se hizo necesario regular el uso de las intervenciones en Internet, creándose la Netiqueta, que es un conjunto de reglas que velan por el buen ambiente y seguridad en la red. Quizá no vendría mal recordarlas:

  • Regla 1: Nunca olvide que la persona que lee el mensaje es otro ser humano con sentimientos que pueden ser lastimados.
  • Regla 2: Adhiérase a los mismos estándares de comportamiento en línea que usted sigue en la vida real.
  • Regla 3: Escribir todo en mayúsculas se considera como gritar y, además, dificulta la lectura.
  • Regla 4: Respete el tiempo y el ancho de banda de otras personas.
  • Regla 5: Muestre el lado bueno de sí mismo mientras se mantenga en línea.
  • Regla 6: Comparta sus conocimientos con la comunidad.
  • Regla 7: Ayude a mantener los debates en un ambiente sano y educativo.
  • Regla 8: Respete la privacidad de terceras personas.
  • Regla 9: No abuse de su poder o de las ventajas que pueda usted tener.
  • Regla 10: Excuse los errores de otros. Comprenda los errores de los demás igual que usted espera que los demás comprendan los suyos.

Si eres un habitual de las redes, ¿crees que se están cumpliendo estas reglas? Pienso que estamos convirtiendo Internet en un territorio comanche donde todo vale.

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Pero, por encima de todo, me preocupa qué tiene dentro un hater, cuánto dolor y resentimiento debe acumular una persona para disfrutar machacando a los demás, qué autoestima tan baja se esconde detrás de agresiones de este tipo. Nos llenamos la boca hablando de diversidad y multiculturalidad, mientras mostramos tolerancia cero a cualquiera que no sea, viva, o piense como nosotros.

Os dejo un vídeo de Borja Vilaseca que lo explica perfectamente:


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6 comentarios en “Opinar es gratis. Hacer daño, también.

  1. ESTA SUPER BIEN ESCRITO YOLANDA

    QUE RABIA… las que empiezan a quererse y valorarse.. y cuando se ven mega guapas… siempre hay gente que le gusta rebajar

    Que fijo que tiene muchísimos complejos…

    Un beso preciosa

    • No estoy de acuerdo Nuria, fíjate que yo creo que la gente feliz no va por ahí metiendo mierda a los demás. Aunque a ti te dé la sensación de que se quieren y que se aceptan, atacar y humillar así a otros es síntoma inequívoco de una baja autoestima. Un fuerte abrazo, mi chica.

  2. Maravilloso como siempre borja vilaseca. Hace poco le descubrí, y me está gustando mucho todo lo que dice. Sigo sin encontrar mi personalidad en el eneagrama, pero lo lograré. Por suerte o pir desgracia, hay personas que ven en las mujeres curvi un peligro. Tienen una idea tan distorsionada del mundo tan maravilloso y entretenido que tenemos en el interior, que sus palabras nos pueden dañar un ratito, luego descargas, te duchas, te haces la manicura, atiendes a tus hijas, tu casa, la comida, la cena, haces el amor con tú pareja, te lavas los dientes, das un beso a tus mascotas, y te vas a dormir, y en todo ese proceso, esas «personas» siguen pensando el daño que te están haciendo sin saber que apenas han sido importantes 2 minutos de tu vida. Quien es más digno de lástima??? Mucho ánimo

    • Sí Rocío, pero piensa que no todo el mundo está igual de fuerte. Cuidado que 900 mensajes con insultos no se gestiona fácilmente, ¿eh? Al final es un llamado para hacer un ejercicio de empatía y ponernos en la piel del otro antes de juzgar y criticar. Un fuerte abrazo, bonita.

      • Si, imagino que hablo desde el desconocimiento de la vida en redes. Cuando vives en una constante de sobrepeso, la privacidad y el pasar inadvertida forma parte de tu vida. Ojo!! Admirando quien decide exponer su vida, y hablar con clara identidad de su dia a dia. No formo parte de las redes sociales, y lamento si he parecido frívola en este aspecto. Claro que hay que ser fuerte, pero siempre nos expondremos a ser criticados,en mayor o menor medida. Lamento no haberme hecho entender, y desde luego no justificare nunca el insulto. Siempre he creido en el respeto a la vida, en cualquiera de sus formas. Un beso

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