Hecho es mejor que perfecto. Y en alimentación, también.

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Este fue uno de los conceptos que más trabajé cuando me recuperaba de mi trastorno por atracón. Siempre intentaba hacer las cosas de un modo perfecto y, cuando me salía lo más mínimo de lo previsto, lo tiraba todo por la borda. Siempre he dicho que nada hace fracasar más dietas que el pensamiento total “Total, como ya me he pasado, sigo comiendo y empiezo de nuevo mañana”. ¿Te suena?

Me llevó mucho trabajo entender que no he de aspirar a la perfección, sino a estar cada vez un poquito mejor, que haya un progreso. Y no estoy hablando de adelgazar, estoy hablando de amor propio, de respetarme y quererme. Y ahí también entra la forma en que me alimento, claro.

autoestima amor propio

Me siento muy lejos del fitness y de la gente que cuenta macros y esas cosas, pero me encantó la frase que le leí una vez a Alberto, de The Macro Wizard “Alguien que cambia la Coca-cola por Coca-cola zero, ya está mejorando sus hábitos”. ¡Toma ya! Que sí, que ya sabemos que lo ideal sería tomar agua, pero vamos paso a paso y, sobre todo, respetando el momento de cada uno, ¿sí? Pedir a una persona que bebe 2 litros de Coca-cola al día que beba sólo agua, de un día para otro, es abocarlo directamente al fracaso.

Recuerdo cuando aún sufría compulsión y alguna vez publiqué que me había tomado una Cola zero para evitar un atracón, cómo tuve que leer alguna respuesta sobre lo malísimos que son los refrescos de cola. Disculpa, ¿has leído que gracias a eso he contenido un atracón? Probablemente, ni sepas qué es eso.

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Cuando hice el Camino de Santiago y os contaba que, a media etapa, tomaba un plátano y una Cola zero, me dejaron un comentario en Youtube “Chica, tienes que dejar la Coca-cola”. Vamos a ver, mi fisio dice que no sabe ni cómo puedo andar con los pies que me quedaron tras las operaciones, me estoy metiendo de tirón una etapa de 27 kilómetros con un desnivel que me deja sin aliento y, además, voy sola. Una Coca-cola no, me puedo tomar un carajillo y un bocata de panceta, si me da la gana.

La gente que sigue mi cuenta de Vivirparacomer en redes sociales, sabe que nunca fue una cuenta de dietas, ni de contar calorías, aunque alguna vez compartí con vosotros mis esfuerzos por bajar de peso. Se creó con la intención de dar a conocer la ingesta emocional de comida y contar mi proceso de recuperación, fui la primera persona en España que reconoció a cara descubierta sufrir este trastorno.

Y el punto número uno para recuperarte es OLVIDARTE DE DIETAS, que lo único que hacen es perpetuar el ciclo restricción-compulsión-culpa. Y no lo digo sólo yo, lo dicen los equipos multidisciplinares de las Unidades de trastornos del comportamiento alimentario, formados por psicólogos, psiquiatras y nutricionistas o endocrinos. Podéis leer sus pautas en este apartado de mi web. Que esto no va de adelgazar, va de salvarse.

fruta

Por eso me sorprendió la respuesta que obtuve esta semana a una de mis publicaciones en Instagram. Vaya por delante que no es nada personal hacia las personas que escribieron, ya que las aprecio y una de ellas se encuentra entre mis mejores amigas. Y me consta que la intención fue inmejorable y la información que aportaron totalmente cierta.

Y hasta cierto punto a mí de da igual, porque tengo muy claro mi criterio y lo que quiero, pero comentarios así pueden confundir mucho a personas que siguen mi cuenta tratando de superar su dependencia de la comida.

Como ya sabéis, no estoy tratando de adelgazar y lo único que me preocupa en este momento es comer alimentos lo menos procesados posible, pero sin fanatismos. Evitar las listas largas de ingredientes, el aceite de palma, el glutamato monosódico y esos códigos indescifrables de conservantes y colorantes.

Pero vaya, lo evito en la medida de lo posible. Si tengo que comer un precocinado, me lo como sin ningún cargo de conciencia. Y tampoco leo la etiqueta de absolutamente todo lo que tomo. Opino que cuando entramos en esas conductas seguimos teniendo un problema, aunque cambie el nombre. La obsesión por la comida sana se llama ortorexia y está reconocida como trastorno de alimentación desde la publicación del DSM-5 en mayo del 2013.

Ingredientes

El otro día fui a Eroski y en la zona de refrigerados vi unos zumos que llamaron mi atención y me sorprendió gratamente que la composición fuese 60% zumo de naranja y 40% puré de zanahoria. Nada más. No los compré porque en mi casa no se consumen zumos, pero, de hacerlo, hubiese sido una excelente opción de compra. A mi juicio, claro.

Así que le hice una foto para compartirlo con mi comunidad y la publiqué con este pie: “Que si me llevan al huerto, dice… Pues la verdad es que con esa composición 100% natural y cero aditivos me lleváis donde queráis!! 😂 Hay más sabores, los he visto en refrigerados de Eroski y cuestan algo más de 2 euros la botella de 750 ml. Son de @lazumeria“.

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Una usuaria me dejó esta respuesta: “Saca de un apuro y su composición mola mucho, pero cuidado con el azúcar libre que hay en todo zumo”, yo le digo que es el azúcar de la fruta y me aclara: “No, a ver. A modo de resumen resumido: El azúcar intrínseca de la fruta cuando te la comes entera tiene una estructura, digamos de cubo, que el organismo trata de equis manera. Esa azúcar no es “mala”, por decirlo de alguna manera.

En cambio cuando bebes un zumo de la fruta que sea, aunque te lo hayas hecho en casa, esa estructura del azúcar se rompe convirtiéndose en azúcar libre, en ” azúcar malo”, en (aunque cueste creerlo) lo mismo que los terrones de azúcar. Generan picos de azúcar en la sangre e impiden adelgazar por eso mismo.

Una cosa es el azúcar intrínseco y otra el azúcar libre (el bueno y malo, respectivamente y resumiendo mucho) Además de que al ser en zumo se eliminan muchas vitaminas y toda la fibra de la fruta, por ello mejor que el zumo, el batido (sin colar, con su pulpa) y mejor que el batido, la fruta entera.”

Otra usuaria añade: “Como te dice . Mucho mejor tomar fruta entera. En los zumos le quitas la fibra y el zumo aunque es es fruta es puro azúcar. Además muy alto en calorías, un vaso de zumo son 2-3 naranjas. Y es difícil comerse 3 naranjas de una sentada, sacian mucho, sin embargo un zumo te lo bebes tranquilamente en unos sorbos y ni siquiera te llenas. En general, elegir alimentos enteros es siempre la mejor opción :)”

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No sé. En mi publicación no decía que fuese bajo en calorías, ni que yo quisiera adelgazar, ni siquiera que hubiese comprado el zumo. Incluso para mí, si trato de tomar menos procesados, es obvio que es mejor la pieza de fruta que el zumo, pero creo que para la cantidad de porquerías que encontramos en un supermercado, está fenomenal. Es decir, no lo presenté como un super alimento, sino como lo más saludable que había visto dentro de los zumos envasados.

Es curioso como jamás hemos tenido tanta información sobre la comida, pero estamos peor alimentados que nunca y con mayor número de enfermedades asociadas y trastornos del comportamiento alimentario. Nuestros abuelos no sabían si el azúcar de la fruta tiene estructura de cubo, pero comían muchísimo más sano que nosotros (cuando comían) y había menor índice de obesidad. Luego, algo no está funcionando.

Para mí, no es cuestión de leerse todos los libros y artículos que se publican sobre dietética y estudiar un máster en nutrición. Para mí, se trata de aplicar el sentido común, desdramatizar, evitar los extremismos, disfrutar de nuestra dieta mediterránea… y, sobre todo, ¡vivir!

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El que cuenta macros, o mira el índice glucémico, el que sigue la dieta paleo o el que es vegano, cree que lo que hace es lo mejor de lo mejor. Y está genial. Pero si hubiese una fórmula perfecta y comprobada, se habría extendido universalmente y hubiese sido adoptada por todos, ¿no crees?

Así pues, creo que no existe la necesidad de evangelizar al resto del mundo acerca de nuestras creencias nutricionales. Hay muchas cuentas en Instagram que respeto profundamente, pero que no las sigo porque no comulgan con mis creencias y no me interesan lo más mínimo.

La información está al alcance de todo el mundo que quiera saber. Creo que es importante respetar el momento y las elecciones de cada persona. Cada cual toma sus propias decisiones y comete los errores que necesita para su aprendizaje. Hecho es mejor que perfecto y todo está bien.

Profesionales especializados cuya filosofía comparto son: el dietista-nutricionista Julio Basulto, autor de libros como “No más dieta”,  el profesor titular de biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia y autor de libros como “Comer sin miedo”, J.M. Mulet, o mi paisano, el nutricionista Juan Revenga, que ha publicado libros como “Adelgázame, miénteme”. Un trío de ases que escriben una oda al sentido común y práctico y que se enfrentan continuamente a la mafia de la industria alimentaria. ¡Gracias!

Te ayudo a cambiar tu alimentación y mejorar tu vida en hola@yolandacambra.com

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