Camino de Santiago, etapa 05: de Estella a Los Arcos.

Esta etapa la dediqué a todos mis seguidores en redes sociales de Vivirparacomer.

Me levanto a las 6:30, me visto y preparo la mochila. Duermo junto al ventanal y veo que las calles están mojadas, la probabilidad de lluvia es alta, todos confiamos en que no llueva.
Mi principio de ampolla ya es una ampolla de verdad, pero tiene poco líquido y creo que con los apósitos aguantará la etapa. De todos modos, está en un punto en el que tampoco alcanzo yo sola a coserla. Así que cojo la caja de apósitos y empiezo a protegerme las zonas más doloridas de los pies, en algunas pego un apósito sobre otro para que almohadille más.

Otros peregrinos desayunan su propia comida antes de salir del albergue, ya que en el de hoy no ofrecen servicio de desayuno. El hospitalero me había dicho que el bar de entente abría a las 7, pero son las 7:05 y no abre, así que empiezo a andar, confiando en encontrar algo abierto antes de salir de Estella. No contaba con que aquí el lunes es festivo y, finalmente, he desayunado en una gasolinera a la salida.

Empiezo a caminar y me pongo la capa porque llueve un poco y empezamos con las cuestas. Durante el día hubo ratos de lluvia escasa, de frío, de calor… Lo que me hizo andar poniendo y quitando la capa y el polar. Como expliqué en un vídeo anterior, descubrí una técnica para dejar la capa colgando de la mochila y así me la puedo poner y volver y quitar rapidamente sin tener que quitarme la mochila, que es un rollo.

Nada más salir, me encuentro con las bodegas Irache y su famosa fuente del vino, que ofrece un vaso a todos los peregrinos de forma gratuita. Cuál fue mi sorpresa cuando vi que el grifo de agua funcionaba, pero el del vino estaba seco! Ooohhhh. Sólo quería mojarme los labios, no era para beber más, pues eran las 7:30 de la mañana, pero me hacía ilusión.

Allí empieza a hablar conmigo Chema, un chico de Burgos, y hacemos juntos el tramo hasta la bifurcación del camino.

La temperatura era ideal, fresquita pero sin frío, una delicia para caminar.
El paisaje, ¡Maravilloso!! Por fin pude disfrutar de una etapa mayoritariamente llana y con pocas cuestas, que hay que ver las ganas que tenía.
Hice muchas fotos, como siempre y, al igual que ayer, el simple hecho de parar cinco segundos a disparar la foto, hacía que los pies se enfriasen y fuese una tortura retomar el camino.

Se dice que esta etapa es muy dura por la soledad, porque hay unos 10 kms en los que vas solo y no pasas por ningún pueblo. A mí me encantó y pude hacer fotos completamente diferentes a las de días anteriores, al ser un paisaje muy distinto. Yo hasta salí guapa en algunas al llevar la cara ya menos quemada.

Ahí, en medio de esa nada de 10 kilómetros, un hombre tenía un puesto ambulante con unos bocadillos de chorizo frito recién hechos que me supo a gloria. Tiré la mitad del pan y, aún así, casi sigo el camino rodando.

Sí que es cierto que tantos kilómetros sin señales de distancia te hacen perder un poco la noción de situación.

Finalmente y ya muy cansada, llegué a Los Arcos, llorando de emoción de nuevo, donde tomé una cerveza con limón esperando a que Ana saliese de trabajar y viniese a buscarme para llevarme a Logroño, para coger el bus hacia Zaragoza.
Cuando llegó, tomamos juntas un pincho de tortilla y una cola zero, me traía un surtido de productos caseros (chorizo, espárragos, mermelada, vino…). Metió su coche en medio de la plaza del pueblo para recogerme en la puerta del bar, ya que apenas podía andar.
Mientras iba a por el coche, me despedí de Iker y otros peregrinos que estaban con él, tomando algo en la terraza. La mitad acababan ya en esta etapa y volvían para casa y la otra mitad seguían.

Me hizo gracia cuando Iker me dijo que yo había acabado muy pronto mi etapa. «¿Pronto? -dije yo- Llevo aquí dos horas, ya he comido y todo»

Cada día había alguien que me decía que había hecho la etapa muy rápido. Era habitual verlos entrar al pueblo cuando yo ya me había registrado en el albergue, me había duchado y, a veces, hasta había comido.
Esto me sorprendía mucho, porque yo soy de paso ligero, pero ni tengo buen fondo, ni me había preparado físicamente y, además, me paraba muy a menudo a hacer fotos.

Volviendo a Ana, me llevó en su coche hasta la estación de autobuses de Logroño. Venía de trabajar y estaba deseando ver a sus hijos, le dije que me dejase y se fuese, que demasiado favor me había hecho. «Yo, como las abuelas, hasta que no te vea subida en el bus, no me marcho» y así lo hizo.
Es maravilloso encontrar gente increíble como Ana «Cuando decidas retomar el Camino este verano, me llamas y yo te llevo de Logroño a Los Arcos para que continúes» Ella es otro de los regalitos que me hace la vida, sin duda.

El bus tardó dos horas y media en llegar a Zaragoza y yo aproveché a editar las fotos de la etapa. He subido casi 300 fotos a mi Facebook personal de estos cinco días. Esas son ya las seleccionadas y editadas, evidentemente, disparé muchas más. Una de ellas ya ha sido seleccionada para su galería por una cuenta especializada en fotos del Camino y me ha hecho mucha ilusión

Mi amigo Fede vino a recogerme a la estación de autobuses y me dejó en la puerta de casa. Tiré la mochila en el pasillo, nada más entrar, y dije que no la deshacía hasta mañana. Sólo quería ducharme y lavarme el pelo en condiciones y descansar mis pies y dormir.

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