Camino de Santiago, etapa 02: de Zubiri a Pamplona

Esta mañana he oído mi despertador muy a lo lejos, ¡¡Llevaba tapones puestos!! Bajo la cremallera del saco corriendo, salto de a cama y digo «Sorry!».

Activo los datos del móvil y me entra un mail de Booking diciendo que no hay plazas en el albergue que reservé anoche y que me derivan a otro si quiero. Así que he tenido que llamar para confirmar el cambio.

El desayuno era a las 7:30, me ha parecido tardísimo. Yo he tenido que esperar hasta más de las 8 a que abriesen el supermercado del pueblo y comprar Tampax. Había traído tres porque esperaba la regla, pero no podía esperar a llegar a Pamplona para comprar.

Empezamos la etapa y tenían razón los catalanes de anoche, cuesta arriba y cuesta abajo todo el rato, así dos horas y media. Lo cierto es que se ha hecho más llevadero que ayer porque son tramos cortos, mientras que ayer tenías bajadas de tres kilómetros seguidos.
Al principio ha llovido y hemos tenido que sacar los impermeables, yo llevo una de esas capas que te cubren incluso la mochila y las piernas, y muy bien.

Hemos llegado a una población con bar y allí he tomado una cola zero y un trozo de tarta de manzana casera. Me he puesto vaselina de nuevo en los pies, y me he quitado las planillas del podólogo porque me estaban rozando. Eso ha hecho que, al final, de la etapa, el dolor en el metatarso fuese más intenso que ayer.
En ese descanso, todos coincidíamos en que esa primera mitad se nos había hecho corta.

Ayer me pasó igual. Las primeras dos horas y media aguantas bien, pero la segunda mitad se nota el cansancio acumulado y se hace más duro.

Cuando ya creía que llegaba a Pamplona, resulta que era Villalba. Desde ahí, el Camino sigue por núcleo urbano y se hace rarísimo ir de peregrino atravesando pueblos tan grandes y cruzando semáforos. La gente te sonríe al pasar, saben que vamos ya extenuados por el cansancio.

Al entrar a Villalba, he caminado un rato en grupo con dos parejas jóvenes que ya me he cruzado hoy un par de veces en el Camino. He ido un rato con ellos y me he adelantado, porque hablaban mucho y no me apetecía. Hablaban de cosas que no tenían sentido para mí y me molestaba ese parloteo. No es porque esté en el Camino, he observado últimamente que no soporto este tipo de conversaciones insustanciales, del tipo «las tres últimas mascotas que he tenido y cómo se alimentaban cada una de ellas»

La mayoría de los que conozco habían conseguido albergue en el centro de Pamplona, pero a mí asín me quedaba un trozo y he salido del Camino.
Me he duchado en el hostal y les he encargado una colada con secadora, cuesta siete euros y yo ya he gastado la ropa para tres días que traje, así que no hay opción.

He salido a comer a las 15:45 y lo mejor que he encontrado ha sido un plato de pasta a la marinera en una cafetería. Estaba muy cansada, así que he estado allí una hora y media editando las fotos de hoy. Cuando he ido a levantarme para volver al hostal a cargar el móvil porque apenas me quedaba batería, ¡No podía andar! Las piernas y pies se habían quedado fríos y no respondían.
Supongo que es una mezcla de cansancio acumulado y haber andado sin las plantillas.

Por cierto, compré en Decathlon Dios tipos diferentes de calcetines anti ampollas. Hay unos que van genial, los distinguiréis porque no se puede cambiar el derecho con el izquierdo. Y hay otros que sin iguales los de ambos pies y yo no me di cuenta hasta ponérmelos hoy, pero llevan unas costuras enormes a los lados de los dedos, además de ser muy anchos en esa zona, por lo que hacen arrugas y duelen si vas a caminar muchas horas, ¡ni se os ocurra comprarlos, pésima inversión!

Hoy todo el mundo comentaba en el Camino que saldrían por la tarde por Pamplona, que si de pinchos, que si a, la catedral, que si a la procesión de Viernes Santo… Yo me sentía incapaz de nada. He estado un buen rato en el hostal y luego he ido con el plano de la ciudad a preparar el recorrido que he de hacer mañana por la mañana para incorporarme de nuevo al Camino, ya que este hostal está alejado.
Para ello, he de pasar por la calle Estafeta, así que he visto el ambiente y he tomado chocolate con churros en El Churrero de Lerín y de vuelta al hostal.

Ya tengo mi ropa lavada y seca y me he preparado la mochila para mañana. Esta vez mis compañeros de habitación no son peregrinos (inconvenientes de alejarse del Camino) y los tengo en la habitación de al lado jugando a las cartas a grito pelado. ¡Estos no se levantan mañana a las seis y pico! 😉

La chica de recepción me ha dicho que hasta las 8 no se desayuna. Le he dicho que para mí era tardísimo y que necesitaba desayunar a las 7. Me ha dicho que dejará abierta la cocina.

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