Intento de autolisis (eufemismo de suicidio, aunque no es para tanto)

 

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Llevo días fatal anímicamente. Mucho más de lo que podáis creer. No doy a entender mi estado real por dos razones. La primera es que hay muchas que me decís que sentís tal empatía conmigo que verme baja de moral afecta a vuestro estado anímico. Y eso me crea una gran responsabilidad.

Por otra parte, estoy harta de la gente que siempre dice “Tú puedes con eso y con más” porque estoy hasta el moño de poder con todo y no, no puedo más. Hace poco bloquée en wasap a mi ex, Fran, precisamente por decirme eso, porque alguien que ha compartido seis meses de mi vida y me ha visto en plena compulsión, debería saber que es lo último que un comedor compulsivo necesita escuchar. Y a ti, Fran, te dedico esta entrada, para veas que no, no puedo más.

Alguna vez os he contado que hace dos años aproximadamente tuve una crisis tremenda, sobre todo con los niños, y acabé por acudir al psiquiatra. Fue un intento a la desesperada y al final no tomé más de dos meses la medicación.

Los últimos meses han sido devastadores. El agobio comenzó en navidad, con el paso a jornada completa en la empresa, rutas interminables, varios clientes, mucha información a manejar al mismo tiempo… a mí me satura. Y muchas horas reales de trabajo. A eso, no ha dejado de sumarse los problemas en casa con unos niños “diferentes” que con su casuística especial necesitan de una triple dosis de paciencia que yo ya no tengo ni en la punta de los pies.

Todos pudisteis ver como bajé mis 14 kilos con la dieta protéica, manteniendo a raya la compulsión desde enero hasta mayo. Me sentía genial. Me veía bien físicamente y, mejor aún, tenía la compulsión bajo control. Creo que nunca me había sentido tan bien.

Pero la presión en el trabajo aumentó vertiginosamente, al mismo tiempo que los niños empezaban a ir solo por las mañanas al colegio. Yo iba sumando la presión laboral + la presión por dejarlos solos en casa mientras trabajaba + la presión del panorama que me encontraba cada tarde en casa al volver del trabajo.

Una espera que, estos niños “distintos” maduren con el tiempo y asuman responsabilidades y lleguen a parecerse a sus coetáneos. Y la desilusión llega cuando ves que eso nunca sucede. Y es realmente desgastante pasar todo el día haciendo un trabajo que no te gusta y estar deseando llegar a casa para descansar y, según cruzas la puerta de casa, pensar “Dios mío, qué hago, me doy la vuelta?” porque sabes que te enfrentas a un medio tan hostil como el laboral.

Y en este punto ya me van a ir perdonando todas esas supermadres que tienen hijos supermodélicos y que no se despeinan ni jugando al fútbol y que siempre cargan con comentarios diciendo que soy una exagerada y que debería pedir ayuda. Acaso alguna de vosotras sabe a cuantas puertas he llamado pidiendo ayuda en estos años?? No tenéis ni idea! Ni idea! Así que, la que quiera juzgarme, que camine antes con mis zapatos.

Bien, en aquel duro momento hace dos años, una de las alertas que me hizo darme cuenta de que el problema se me iba de las manos, fue pensar en la muerte como algo liberador “Al menos así descansaría, pensaba”, aunque jamás valoré la posibilidad del suicidio realmente.

Desde primeros de junio, momento en que los niños empezaron a ir al colegio sólo por las mañanas, mi angustia se disparó, y también mi compulsión. En algunas fotos os he dicho que estaba muy compulsiva y no podía controlarlo. En las cinco semanas que llevan los niños en casa, he engordado siete kilos. A esa velocidad subimos de peso los comedores compulsivos. Y sigo sin poder controlarlo, a día de hoy. Esta noche se han ido con su padre durante quince días y espero que sea mi oportunidad para remontar. Yo no digo que sean malos, ni sean los culpables de mi compulsión, pero sí que provocan, involuntariamente, mi descontrol alimenticio, del mismo modo que volatilizan mi estabilidad emocional.

Llevo semanas que hago los traslados de mi trabajo llorando entre tienda y tienda en el coche. Y también se da a menudo que, en esos parkings que me veis comer mi tentempié, debo quedarme quince o veinte minutos sin poder bajar del coche porque no puedo parar de llorar. Es por eso que me decidí a pedir cita de nuevo en el psiquiatra y me citaron para finales de agosto.

Como la situación es cada vez peor, esta mañana he hecho un viaje de 80 kms por trabajo y he conducido toda la autopista llorando a moco tendido. Al llegar allí, he hecho mi trabajo y he llamado a pedir cita para mañana a mi médico de cabecera para ver si me adelantaba la receta de antidepresivos porque no puedo esperar a finales de agosto. Y he vuelto llorando otra vez. Pero esta vez, por el camino, ha sido diferente. He vuelto a pensar en la muerte como alivio, pero de una forma mucho más próxima. Pensaba “Quizá tomando una sobredosis de las pastillas que me receten mañana podría… sería cuestión de buscar en google cuanta dosis hace falta. Porque no, saltar de una ventana no lo veo. Y el volantazo? me paso el día conduciendo, ahora estoy en autovía, acelero todo lo que pueda y doy un golpe de brazo… y ya está… debería escribirle una carta a mi hermana Lulú antes…”

Es decir, no ha habido un intento real, pero ha habido un cálculo y premeditación que me ha disparado todas las alarmas.

He llegado a Zaragoza llorando mucho más de lo habitual. Ya he visto que no iba a ser capaz de hacer ni una sola visita en ese estado. Me faltaba el aire, sentía como un puño en el esófago y me temblaban piernas y manos. He llamado a mi jefe y le he dicho que me iba a urgencias.

Creo que no he sido consciente, hasta entrar al Hospital Miguel Servet, de la imagen que ofrecía. Todo el mundo me miraba y me han dejado pasar la primera de la fila en Admisión. Una sudamericana que acompañaba a un abuelito, me ha puesto una mano en la mejilla y me ha dicho “No llore mami, que Dios la va a ayudar”. Lloraba de tal modo que apenas podía facilitar los datos a la auxiliar y, para mala suerte, tenían los de casada (es lo que tiene no ponerse nunca enferma).

Cuando me han pasado a triaje, han activado el protocolo de intento de suicidio y han llamado a seguridad, aunque al llegar le han dicho que podía marcharse porque no estaba agresiva ni presentaba autolesiones. Me han metido un Orfidal debajo de la lengua y a esperar.

El psiquiatra había dicho que me dejasen con todos en la sala de espera hasta que él bajase (que ha sido al cabo de 3 horas), pero la médico que ha prescrito el Orfidal ha dicho que ella no me dejaba en ese estado delante de todo el mundo. Ha pedido una silla y me han llevado a una zona más apartada, donde podía ver el control de una se las secciones de urgencias.

Si hablamos de pérdida de control ante los atracones, hoy, por primera vez en mi vida, he sentido la pérdida de control toda y absoluta sobre mis emociones. He llorado durante horas con un llanto desgarrador que me estremecía a mí misma de oírme, parecía un animal herido, era una mezcla de aullido y llanto, dolor en estado puro. Jamás en mi vida recuerdo haber llorado de ese modo.

Las celadoras han estado pendientes de mí en todo momento. Muchas veces hasta me agobiaban, “Qué te pasa?” yo negaba con la cabeza “¿No te pasa nada?” Volvía a negar. Evidentemente me pasaba algo, pero no esperaría que le contase mi vida en dos frases cuando era no era capaz ni de tomar aire. “Ah, entonces lloras por alguna tontería?” Anda bonita, vete a hacer las camas, que me estás poniendo peor.

Otra insisitía en que aporrease el colchón de una camilla, asegurando que me iría bien sacar la rabia. ¿Qué rabia? Yo no siento rabia. Y por fin una se ha limitado a traerme vasos de agua y rollo de papel para los mocos y las lágrimas, que era lo único que yo necesitaba, eso y que el resto del mundo me dejase en paz con mi dolor. En varios momentos he pensado “Quizá este sea el único momento de mi vida en que me ofrecerían comida  y no la tomaría”

Más de dos horas ha tardado a hacerme efecto la pastilla. Lo he notado porque ha desaparecido el llanto y ha dado paso a un sueño y un frío que no eran normales. Ya me ha apetecido mirar el wasap y cuando ha venido un celador a preguntar si quería que me llevase con la silla a la sala de espera con todos, le he respondido “No gracias, prefiero estar aquí de seta” y me ha sorprendido gratamente sentirme yo de nuevo.

Al final han bajado los psiquiatras cuando yo estaba tan sedada por el orfidal que apenas podía caminar y, aún así, me he vuelto a derrumbar en el despacho donde me han atendido.

– Qué crees que vas a conseguir si desapareces? (evitan continuamente la palabra muerte o suicidio)

– Descansar. No puedo más.

– Pero si desapareces no descansas. Simplemente dejas de estar. Tú quieres dejar de estar o descansar?

– Yo quiero descansar.

Hemos hablado largo rato y me ha dicho que había dos opciones para que descansase y mejorase.

La primera era dejarme ingresada. Me decía que alejarme de mi entorno habitual y descansar de verdad me sentarían muy bien y además se aseguraban de que no haría ninguna tontería. Yo me he visualizado ingresada en una unidad de salud mental y se me ha venido el mundo encima. Lo he rechazado.

La segunda era dejarme ir a casa con medicación, pero con la firme promesa de no intentar ninguna tontería y si volvía a tener pensamientos como los de hoy, que acudiese rápidamente al hospital y que, para ser sinceros, en ese caso seguramente ya me dejarían ingresada.

Me ha redactado un informe para mi médico de cabecera pidiendo que me adelanten la visita del psiquiatra por el agravamiento de los síntomas y que trate de descansar y divertirme todo lo posible “Haz cosas que te hagan sentir bien, trata de ser feliz, tienes que hacer de esto una terapia, queda con tus amigos, sal de casa, aprovecha ahora que no están los niños y trata de no darle vueltas a la cabeza”

Me ha recetado dos medicaciones diferentes y me ha dado 4 orfidales en mano “Guárdalos muy bien y úsalos como un salvavidas, sólo si te vuelves a sentir como hoy”

He estado todo el día pensando si contar esto o no en mi página. Pero creo que debo hacerlo. Lo primero para que sepáis cómo estoy en cuanto a compulsión y peso se refiere y que no sé si podré controlarlo a corto plazo. Y, sobre todo, pare que veáis a que nos lleva esta tirana exigencia a la que nos someten/sometemos. No siempre podemos con todo, no siempre podemos más, no somos superwoman, somos humanas y tenemos un límite. La gente que nos dice “Tú puedes con eso y con más” te está diciendo que eres una floja y que no es para tanto. Y qué saben ellos si es para tanto?

Yo hoy me he pasado de vueltas, he estado a punto de quedar ingresada en la unidad de salud mental de un hospital y he salido de allí con 3 tipos de antidepresivos diferentes. Y podía haber sido peor…

No esperéis tanto. No merece la pena. Tenemos derecho a flaquear y derecho a rendirnos. Y que nadie os haga creer lo contrario.

 

 

 

 

 

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24 comentarios en “Intento de autolisis (eufemismo de suicidio, aunque no es para tanto)

  1. Estoy en Argentina. Tengo una hernia inguinal que debo operar y no me animo, una mamá enferma de tristeza por la muerte de mi papá que ocurrió hace dos años, y una hija sobrepasada por su trabajo, las tareas de la casa y sus niños (pero nada comparable a tu situación). Además trabajo. Pero, de corazón te digo, que si tú y yo viviéramos en la misma ciudad, iría corriendo a cuidar un rato largo a tus hijos, mientras tú descansas, haciendo lo que se te ocurra.
    Eso haría. Ojalá pudiera. Decirlo solamente no sirve de nada. Pero te lo tenía que decir. Un abrazo FUERTE.

  2. Como psicologa te digo es que tienes unas ganas de llamar la atencion increible. Te sientes sola. Y el simple hecho de ir al hospital y decir (hola. Buenas tardes he pensado que me podria suicidar pero despues lo he pensado mejor y he venido aqui a contaros mi triste vida y a que me deis 4 palmaditas en la espalda , 2 pastillas y ya me sentire mejor, y mi vida sera menos “mierda”) y despues venirlo a contar a la web , si necesitas un psiquiatra y ya, pero tambien necesitas que alguien se lleve a tus hijos porque no deberian estar con una persona inestable como tu, ¿ has pensado que quizas sean de la manera que tu dices que son,por ti? Quizas, eres tu la que provocas que ellos sean diferentes o tu los haces ser diferentes,y aunque digas que no en tus palabras se lee que les tienes mucho odio y rencor, y les echas la culpa de todo, si estas sola, con sobrepeso y triste es porque si discutes con ellos y en vez de ver la tele te matas a comer como loca despues necesitas echarle la culpa a alguien del porque de tu compulsion, y entiende que solo te la provocas tu y nadie mas, buscas simplemente excusas( tuve un mal dia en el trabajo y me comi media tarta) es una excusa para sentirte menos mal al comer, mi consejo ve a un psiquiatra ya para ayer es tarde, y deja a tus hijos al cuidado de alguien porque no eres la mejor persona para ellos.e intenta dejar de llamar la atencion la gente en las redes sociales busca el morbo no ayudarte, los trapos sucios se lavan en casa

    • Mis hijos ya eran diferentes antes de tenerlos conmigo. Una profesional no juzga ni critica. Y mucho menos con información sesgada. Tú tienes de psicóloga lo que yo de malabarista. No obstante, apruebo tu comentario al igual que todos. Desprende mucha rabia, quizá la que necesita ayuda eres tú. Mira a ver….

    • Canta mucho que no eres psicóloga, Carla, mucho, igual que canta que eres una persona amargada y violenta (aunque sea verbalmente). Me das ascopena…
      Yolanda, te entiendo a la perfección, yo estoy en ese punto en el que debiera escapar de todos y de todo durante unos días pero me es imposible. Ánimo y un fuerte abrazo.

    • Por favor, tu comentario demuestra lo mala profesional q eres. Te lo digo sin acritud pero, eres una mierda de psicóloga y una mierda de persona.

  3. Vaya…no me gusta comentar en las redes sociales a personas que no conozco físicamente, digamos que me da vergüenza. Por eso, me he mantenido siempre a la sombra siguiendo tu perfil de IG y tu blog. Hoy necesito comentar, no sólo por intentar darte ánimos, sino también para exteriorizar lo que me has hecho sentir. Voy en el autobús y se me han saltado las lágrimas porque (con menos gravedad) me has hecho recordar sensaciones pasadas que también me pusieron al límite.
    La ansiedad es una respuesta de nuestro organismo que todos tenemos y que nos avisa de que hay algo que nos está superando. Nadie mejor que tú sabe como afecta toda esta ansiedad a la gente que comemos en función de nuestras emociones, es como si multiplicáramos los niveles de ansiedad por mil, porque tenemos que ocuparnos de gestionar el nerviosismo y de controlar la comida, lo que nos hace ponernos aún más histéricas.
    Cuando hablas de tus problemas, sé que sólo estás contando una mínima parte de todo lo que hay detrás y que nadie es quien para decirte si son graves o no, el caso y lo que aquí importa es que son unos problemas que se alargan en el tiempo y que no sabes cómo solucionar y eso te está superando.
    Por supuesto que no se equivocan quienes dicen que eres fuerte. Yolanda, lo eres y mucho. Eres digna de admiración y nada de lo que pasara a noche cambia eso. Que seas fuerte no implica que seas inquebrantable, ante todo eres humana. Soportas situaciones que otros quizás no hubieran podido gestionar desde el principio y haces todo lo que está en tu mano por progresar y cambiar aquello con lo que no eres feliz. Lo estás haciendo lo mejor que sabes, pero esto no obsta a que tengas todo el derecho del mundo a tropezarte mil y una vez, a llorar, a gritar, a quejarte, a decirte basta y a patalear si hace falta. No hace falta que le des vueltas a lo que pasó anoche, lo más importante es que te diste cuenta de que algo no funcionaba como es debido y acudiste a los especialistas que para eso están. Ahora, si todo marcha bien, te adelantarán la cita con el médico y él te dará las pautas necesarias para mejorar. No conozcl tu situación familiar, pero sé lo que se siente cuando al acercarte a la puerta de casa lo único que quieres es huir y que nadie te encuentre en una temporada. Por eso no peques de fuerte ni cometas el error de intentar ser de piedra pars sostener a los demás, todos necesitamos a veces que nos sostengan y nos sirvan como muletas. Voy a discrepar de los que te dicen “tú puedes”, yo lo cambio por un “tú podrás”. Yo vivo en Madrid y lo que más odio es la sensación de competitividad y autosuficiencia que se respira aquí, las personas necesitamos unas de otras en diferentes momentos dea vida y eso es maravilloso. Apoyate en los que te quieren e intenta ser ub poquito egoista y pensar en ti en estos días que no están los niños. Un abrazo fuerte y a por todas.
    Siento el tostón que te he dado 🙂

  4. Hola mi Yoli,estoy aquí para apoyarte lo más que pueda,no sabes el genio que tengo,al leer el comentario de esta supuesta sicóloga,no quisiera ser su paciente ! Madre mía que dura fue contigo y como te hablo de mal,se ve que no te conoce como nosotras,como se permite llamarte mala madre,si tu te desvives por tus hijos,como te puede hablar de esta manera? Y más después de leer tu entrada,es para hacerte sentir aún peor! Pero tu no escuches a esta persona,que parece que nunca han tenido problemas en su vida seguro que ella lo tiene todo muy fácil……,quisiera decirte miles de cosas,sólo que no se escribir tan bonito como tu mi Yoli jejejeje,pero quiero que sepas que estoy aquí para lo que necesites,me encantaría estar cerca de ti para brindarte todo mi apoyo incondicional,pero como no puedo ,lo único que puedo hacer,es orar por ti y pedirle a dios que te de fuerzas y que te quite de tu mente todas las cosas negativas y te de luz y paz,para que puedas seguir a delante,te mandó muchos besos esta cubanita que te adora y no soportaría que nada malo te pase,besos guapísima y trata de descansar estos días que estarás sola sin los niños,besos guapa😘 saludos y un abrazo bien pero bien fuerte katy.

  5. Querida Yolanda, maravilloso ser humano lleno de luz (de luz, sí; aunque tengas tus sombras, estás en todo el derecho de tenerlas)
    Yo soy una de esas personas que te lee diariamente aunque nunca haya contactado contigo. Las redes sociales no son lo mío; me muevo con cierta torpeza técnica en ellas y soy pudorosa para exponerme. A lo que iba, tropecé un día con tu blog por casualidad y cuando leí tu presentación me dije a mí misma que, excepto por algunos matices, yo misma podría haberlo escrito. Como tú, y desde hace más tiempo porque tengo más años, soy comedora compulsiva. Convivo con una boicoteadora que nunca sé cuándo va a sabotear mis mejores intentos.
    He visto todos tus videos. Yo también leí hace mucho tiempo “Cuando la comida sustituye al amor”; y “Tostadas y mermelada para el desayuno” que está un poco en la misma línea y cuyo título confieso que me atrajo porque creí que, además de otras cosas, me iban a dar la mágica fórmula para adelgazar sin renunciar a ese tipo de desayunos (espero que sonrías, y sí, yo soy así de ingenua)
    Dicho lo anterior, confirmarte que tienes todo el derecho a decidir hasta donde aguantas y donde te derrumbas. Como tú ya sabes, derrumbarte no te hace débil, únicamente estás poniendo a prueba tu resiliencia (capacidad de los sujetos para sobreponerse a periodos de dolor emocional y situaciones adversas)
    Y porque te leo con interés, e intento profundizar en tu personalidad, me atrevo a vaticinar que saldrás de esta. Con esfuerzo, claro. Como casi todos vamos construyendo la vida. Que a veces es espléndida y otras parece sumirnos en un pozo en el que parece que nunca volverá a entrar la luz. Como dice la letra de la canción de Serrat “de vez en cuando la vida toma conmigo café y está tan bonita que da gusto verla, se suelta el pelo y me invita a salir con ella a escena” “de vez en cuando la vida nos gasta una broma y nos despertamos sin saber qué pasa, chupando un palo sentados sobre una calabaza”
    Pues eso, que aunque te diría mil cosas más, y terracearía contigo, y bailaría hasta el alba, únicamente te voy a mandar un abrazo grande como el mundo, para que te envuelva toda. Desde el alma, y con esa energía poderosa que es la del amor. Que Dios te bendiga.

  6. Hola Yolanda, te sigo desde instagram pero nunca te he comentado. La historia de hoy me ha dejado en shock. He llegado a pensar que si lo hubieses hecho (ya he entendido que no querías hacerlo realmente) me hubiese dolido mucho, y es extraño pensar como podría echar de menos a alguien a quien realmente no conozco. Pero es así. Me encantaría poder ayudarte y creeme que lo haría, pero no vivimos en la misma cuidad. Te puedo dar un consejo? Planteate si publicarlo todo en las redes te viene bien. Quiero decir, cuando tienes un problema hablar de el te puede servir para desahogarte, pero también consigue que no te olvides de el. Que no le dejes de dar vueltas y vueltas, de recordarlo. Lo que hace que por pequeño que fuese, lo hacemos enorme nosotras solas. Quizás este equivocada y no sea tu caso, es solo una opinión y algo que creo que puede ayudar.
    Te mando todo el animo que puedo, la fuerza y las ganas de luchar. Porque solo pueden venir cosas mejores y todo va a salir bien (se que es muy facil decir eso desde la ignorancia, pero el primer paso para que algo pase es creerlo)
    Muchisimo animo Yolanda, te seguire leyendo y espero ver que cada día vas mejor. Un besazo enorme. Por cierto, sabia que las cosas no iban bien, no me preguntes por que pero se te notaba. Ayer entré varias veces en tu perfil y me pregunté por que no habrías publicado nada en todo el día… Que cosas verdad? Ojalá todo vaya bien, porque te lo mereces de corazón

  7. Hola, acabo de entrar en tu blog y me ha recordado a cómo me sentía yo hace unos años pero por motivos diferentes. Sentía que no era feliz y que mi vida era una mierda, lloraba a todas horas… Al final me acabaron tratando por depresión. Me siento identificada. No sé cómo te puedes sentir mejor, yo aún estoy intentándolo. Un abrazo.

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