Semana 11: ¿Será por esto que me seguís?

Mira, la frase de Paul Arden me reconforta. Porque yo quiero ser muy buena y si en realidad es de eso de lo que se trata, pues no voy mal…

Ahora en serio, cuando os dije que no volveríais a ver el 81’5 en mi báscula, tan chula yo… esperaba una bajada más espectacular que medio kilo. Y la hubo. A lo largo de la semana bajé bastante más. Pero ha tocado finde terapéutico. Y creo que voy a tener que reconducirme un poquito con estos días de “todo vale” porque emocionalmente son reparadores al máximo, pero arrasan con los logros de la dieta del resto de la quincena.

Ni qué decir tiene que me gustaría estar en 78 kilos, pero sabéis lo importante? que no hay remordimiento. Y para mí eso marca la diferencia entre comer compulsivamente o darme un capricho.

Raro es el día que no me cuestiono por qué me seguís tanta gente. Dentro de nada seremos 1.000 en Instagram, 600 en facebook y otros tantos en Youtube. Suponía que esperábais ver a una mujer con una voluntad férrea, que bajase kilos regularmente y que fuese un espejo en el que miraros. Finalmente estoy aprendiendo que os gusta ver a alguien como vosotras, que trabaja, se cae y se levanta, es madre, se cuida, se cae y se levanta, intenta una dieta, y otra, y otra, y se cae y se levanta, y a días se come el mundo y a días se siente sola… pero se cae y se levanta.

El viernes hablé ante mi grupo de apoyo sobre una frase que aprendí en otra reunión. “No compares tu interior con el exterior de los demás” Sólo nosotros conocemos nuestras miserias, nuestras debilidades y flaquezas, nuestro lado oscuro, lo peor de nosotros…. y todo eso, tendemos a enfrentarlo a las vidas maravillosas que tienen los demás (o eso creemos). Esa comparación siempre nos dejará en desventaja. La hierba siempre es más verde en el jardín del vecino.

La semana pasada, cuando conté mi espectacular subida de peso, @laurafval me decía en Instagram “Me encanta que seas tan transparente”. Supongo que las mujeres ya estamos cansandas de muñecas perfectas, que mantienen las constantes vitales a base de botox y cirugía, que no tienen nada mejor que hacer con su tiempo que ir al gimnasio, ni con su dinero que invertir en tratamientos carísimos. Y, si aún así les llega el declive, siempre les queda el Photoshop.

Y supongo que por eso me acompañáis. Porque cada día, sin el menor reparo, os confieso mis kilos de más, mis caídas y errores, mis miedos y lágrimas, los fantasmas que me aterran y me llevan a la compulsión,  veis mi piel resentida y descolgada por el tiempo y por la espectacular bajada de peso, maquillada y a cara lavada, en mallas y arreglada, llorando y a tope de power… y así entendéis que no soy alguien a quien imitar, sino una compañera de camino. Una mujer que, como vosotras, no aspira a ser perfecta, sino simplemente, la mejor versión de mí misma.

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